Jungwon tiene pésimas calificaciones en la asignatura de Inglés, es por esto que su madre lo obligará a recibir clases particulares de un amable, guapo y estricto universitario en práctica coreano/estadounidense, que no dudará en dejar de lado su am...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Jay masajeó su hombro adolorido con fuerza y luego se dejó caer sobre el respaldo de la silla. Había estado varias horas revisando decenas de exámenes de sus estudiantes y otros cincuenta minutos preparando sus clases para el día siguiente. Prefería hacer todo su trabajo en la escuela para luego descansar al llegar a su departamento y dedicarse a los últimos proyectos de la universidad. Soltó un suspiro cuando observó la esquina de su mesa, en la que aún quedaba un examen sin ser revisado.
El profesor acomodó nuevamente sus anteojos y tomó su lapicero de tinta azul dispuesto a marcar las respuestas correctas e incorrectas. Pero se detuvo al observar el nombre de Jungwon escrito en la esquina de la hoja. Esbozó una sonrisa al observar su bonita letra, mucho más bonita que la letra de algunas chicas que estaban en su misma clase.
Pero su sonrisa desapareció por una expresión horrorizada. Aquellas respuestas eran absurdas, llenas de incoherencias. ¿Cómo había podido escribir "home" con "j"? ¿"Jome"? ¿En que demonios estaba pensando Jungwon? El profesor acercó sus manos hacia su rostro para masajear sus sienes con sus delgados dedos.
¿Acaso ese muchacho era un caso perdido? Estaba seguro que habían revisado una y otra vez la correcta forma de escribir las palabras básicas. ¿Es que acaso el chico se estaba vengando de él por asistir a sus clases particulares? ¿Y si ese no era el caso y Jungwon realmente se había esforzado en su examen?
Siempre había detestado que hubiera preferencia por parte de los profesores hacia sus estudiantes, pero una profunda punzada de culpabilidad había atravesado su pecho al imaginarse la expresión de decepción en el rostro del muchacho de lindos hoyuelos al enterarse que había sido la única calificación baja de su clase. Jay escondió su rostro entre sus brazos los cuales había apoyado sobre la mesa.
Definitivamente obligaría a ese muchacho resolver ese examen de manera correcta en la próxima clase particular que tuvieran. Jay no pudo evitar sentirse un completo idiota al sonreír levemente al darse cuenta en lo mucho que pensaba en su estudiante, ¿Cuándo se había transformado en alguien tan especial para él?.
No quería ver ninguna expresión de tristeza en su tierno rostro, sólo quería ver sonrisas resaltando sus lindas facciones.
Y, por muy egoísta que se escuchara, Jay no podía negar que deseaba que todas esas sonrisas fueran dirigidas a él. Quería que todas las expresiones de Jungwon sólo le pertenecieran a él. Sus sonrisas, expresiones de enfado, su confusión, sus expresione... Todas y cada una de ellas.
Jay volvió a suspirar por milésima vez esa mañana y se levantó de su cómoda silla. Ese tipo de pensamientos lo hacían sentir como un adolescente nuevamente, no como un profesor con dolor de espalda y migraña por estar revisando exámenes.
Salió de su despacho en dirección a la parte trasera de la biblioteca de la escuela, el escondite de los profesores que fumaban ya que en la escuela no se permitía, pero a ninguno parecía importarle demasiado aquella regla. Caminó con tranquilidad por los largos pasillos del lugar ignorando las miradas que las alumnas le dirigían, y luego cruzó el maravilloso jardín que rodeaba aquél edificio viejo de ladrillos oscuros rodeado de diferentes enredaderas que subían por sus paredes.