Todo inició en 1940...Una época prohibida y cerrada; Una era donde el amor estaba prohibido y los sueños eran simples ilusiones.
Yoongi era un hombre de 20 años, un simple hombre con una condición, viajando al lugar más tranquilo a su parecer... so...
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Un sonido amplió y envolvente sucumbió en cada rincón de la iglesia, mientras cada persona se sentaba en su lugar, mientras el padre abría su biblia, mientras Yoongi observaba a cada persona, aún curioso de aquel ambiente
¿De verdad miraba todo el lugar por curiosidad?
Una sensación abrumadora y calurosa recorrió su rostro al divisar a cierto castaño que lo saludó amistosamente con su mano, sonriendo como solo él sabía, agitando el pobre corazón del pálido, quien desvió su mirada con vergüenza, agradeciendo a una divina entidad al escuchar la palabra del padre
— Buenos días hijos míos — saludo, observando a cada persona — me contenta el recibirlos en la casa de dios— sonrió, haciendo una señal con su mano, permitiendo que todos se sentaran en su lugar — Jimin Parker— llamó
Aquel llamado captó la atención de Yoongi. Su rostro se elevó y dejó de observar al padre, dirigiendo su oscura mirada hacía el lugar donde había visto al castaño; Sintiendo su mundo detenerse al ver como este lo observaba y reía en silencio, haciendo una señal de victoria
Jimin se levantó y caminó con cuidado, saliendo de su lugar, para luego acercarse y subir a la tarima, observando el versículo que se le era señalado, antes de sentir palmadas en su espalda. Acunó la biblia en sus manos y deslizó uno de sus dedos por ella, relamiendo sus labios antes de comenzar a leer en voz alta
Siendo observado con completa atención por una mirada rasgada que no podía contener su asombró. Aún bajo toda aquella luz y un manto blanco y puro, Jimin se veía hermoso ante la mirada del chico asiatico
— Por lo menos disimula — susurró Jungkook, codeando un costado de su amigo, sacándolo de su ensoñación— Él siempre lee un versículo
— Samuel dos, capitulo uno — comenzó a leer, permitiendo que cada persona en aquella iglesia escuchara su dulce voz — versículo diecinueve y veinte — elevó por un segundo su mirada, observando a todas las personas, esperando su total atención en aquel absurdo texto — La belleza de Israel a sucumbido en la altura de tus montes — leyó al bajar su café mirada al texto — ¿Como han caído los valientes? — dio una pausa — No lo anuncien en Gat, No lo publiquen en las calles de Ascalón, Que no se alegue la progenie de los filisteos — volvió a subir su mirada por un segundo, observando aquellos ojos oscuros que no paraban de observar — Que no triunfen las hijas de los incircuncisos — finalizó, cerrando con paciencia y cuidado la biblia, antes de girar y recibir la aprobación del padre
Bajando de la tarima, volviendo a su lugar, no sin antes mirar una última vez al chico de piel amarilla con curiosidad
— Bien hecho hijo — felicitó su madre al sentir su presencia a su lado — me siento orgullosa