Ya no eres Papa

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Era de noche cuando el auto del ex Papa Emérito el Tercero llegó al Ministerio.

Lucía cansado en ese traje alternativo que usaba en el escenario, rasgado por el hombro derecho. Las gafas de sol habían sido un buen intento para ocultar los ojos rojos por tanto llanto y la mancha violácea en uno de sus ojos.

Salió tan confiado del auto que ni siquiera parecía tan quebrado por dentro.

No hubo de su escándalo habitual ni muchos hermanos del pecado esperando por él en la entrada como se acostumbraba al comienzo y al final de cada gira. Tampoco hubo ghouls que lo acompañaran.

Debió de haber sido pasado la medianoche cuando Copia recibió al ex Papa Emérito el Tercero en su habitación. Se escribieron durante el viaje de vuelta de Terzo pero aquello no parecía nada respecto a verlo cara a cara al fin.

Parecía un muerto en vida, la cáscara de un hombre. No usaba más que un pijama y la pintura había desaparecido. Todos esos muros que había pasado toda su vida construyendo ahora no eran más que cenizas en un fuerte que todavía seguía en llamas mientras él esperaba de pie en el medio sin poder hacer nada al respecto.

Una mirada bastó antes de que lo recibiera en sus brazos, llorando como un niño pequeño en su hombro. Copia no recordaba haberlo así antes, ni siquiera en sus peores noches de todas las que pasaron juntos.


Durmieron con ríos de lágrimas secas en las mejillas e hipidos que cortaban cada respiración, contemplando en silencio cómo el sueño del más joven de los Eméritos llegaba a su fin.


( . . . )

Copia siempre había sido el primero en despertar entre los dos. Era la rutina, ellos funcionaban así y a Copia le fascinaba, Terzo era un objeto de su adoración incluso entre sus desordenados sueños.

Le hubiera gustado que esa mañana se sintiera igual de amable pero no lo hizo. Los sucesos de ayer seguían igual de frescos; el rostro de Terzo todavía reflejaba la misma angustia que lo hacía la noche anterior.

No encontró fuerzas para levantarse y dejarlo solo en esa cama, en lugar de eso simplemente lo mantuvo acurrucado contra su pecho mientras sus dedos paseaban por las hebras oscuras.

Pasó un tiempo hasta que un suspiro contra su piel anunció el despertar de Terzo. El hombre se estiró entre sus brazos sin terminar de separarse realmente.

— Buenos días. Creo que todavía son días. Da igual — la voz de Terzo suena áspera y ronca. A Copia le duele el pecho pero responde a su saludo pretendiendo que no le desgarra oírlo así.

— Estuve pensando... — habla Copia luego de un momento de silencio. — Que jodan a Nihil con esto. En serio. Por mi pueden joderse lejos de aquí, no me importan sus órdenes — habló Copia con seguridad. Se acomodó sobre su espalda para ver a Terzo con la seriedad tiñendo semblante.

Terzo tiene los ojos rojos y las mejillas manchadas por las lágrimas. Sus pupilas perdieron todo rastro de brillo y en lugar hay un vacío hórrido que los oscurecen. Está destrozado por dentro y por fuera. Y aún así tiene esa mala actitud de rodar los ojos cuando escucha las palabras del cardenal.

— Estás diciendo idioteces. No podemos hacer eso — bufó Terzo.

— Te juro por Lucifer que no. Hablo en serio. Terzo, mírame. Es en serio.

El menor Emérito ciertamente no tenía ganas de hacerlo. Sabía que ver a Copia sólo haría que volvieran esas ganas de llorar y hundirse en su pecho hasta olvidarse porqué lloraba, pero sabía que Copia no lo dejaría en paz hasta que le hiciera caso.

Así que eso hizo, se acomodó sobre su pecho y miró a Copia. El hombre todavía estaba serio.

— Tú eres mi Papa. Sin importar qué. Juré mi lealtad a ti y solamente a ti, ¿queda claro? — preguntó Copia en un tono frío y extrañamente poco amoroso como había sido todo el tiempo antes. Pero era sincero, Terzo lo sabía. Fue inevitable que una vez más sus ojos se llenaran de lágrimas —. Respóndeme, ¿queda claro que yo seré siempre tu eterno y tonto cardenal o no?

Terzo ahoga un sollozo antes de responder.

— Quedó claro, cardenal — asintió con un pequeño cabeceo.

Copia al fin sonrió, buscando una de sus manos para dejarle un beso sobre los nudillos. A Terzo se le derretía el corazón siempre que hacía eso.

— Ahora más nos vale levantarnos e ir a trabajar si no queremos más problemas — indicó Copia cálido de nuevo, dejando algunas caricias con sus dedos en la mano de Terzo antes de soltarlo. Estuvo a punto de ponerse de pie antes de que el ex Papa lo sostuviera con fuerza.

— Antes de eso necesito que me prometas algo — Terzo sonaba más seguro ahora, incluso demandante. Hizo que Copia alzara una ceja en su dirección.

— Lo que quieras, amor mío.

— Promete que tan pronto como pongamos un pie en el hotel de donde sea que vayamos de vacaciones me vas a follar tan duro que me voy a olvidar de todo lo que pasó — pidió Terzo.

El cardenal tuvo que morderse la lengua para no sonreír aún más por lo bien que sonaba eso. Al menos era un paso más cerca de la aceptación, suponía. Se sentía más como el verdadero Terzo.

— Lo prometo — Y lo hizo, realmente lo estaba prometiendo.

— Bien. De cumplir con tu parte del trato por mi propia parte prometo casarme contigo tan pronto como pongamos un pie de vuelta en el Ministerio, ¿te parece un trato justo?

Fue el turno de que los ojos de Copia se quebraran con esas palabras. Lo habían hablado tiempo atrás en una jugarreta pero ahora parecía en serio. Se sentía que lo era.

— Más que justo — asintió mientras sonreía. Terzo también lo hizo, era primera vez que podía ver esa preciosa sonrisa desde que había vuelto al Ministerio.

— Entonces que así sea — Terzo se estiró para estrecharlo entre sus brazos, dándole un beso en los labios lleno de afecto. Copia correspondió deseoso, sintiendo la euforia quemando en su vientre, lo cual pronto fue un poco evidente cuando Terzo se separó con una pequeña risa —. Ahora a levantarnos y a enfrentar el puto día, ¿de acuerdo? 

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⏰ Última actualización: Mar 09, 2025 ⏰

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