"En el murmullo de la rutina diaria, cada instante guarda un eco silencioso que desafía la indiferencia."
ATT: XIOMY
La última clase se desarrolló en un ambiente que parecía deslizarse sin prisa, con el murmullo de fórmulas y conceptos disipándose en la penumbra del aula. Mientras Ari se concentraba en la lección, su mente no dejaba de repasar, en silencio, el incidente de la mañana. La imagen seguía en ella, tenue pero persistente: la forma en que Caín reaccionó instintivamente cuando Elías, con demasiada cordialidad, se había acercado para quitarle una mancha del rostro.
Al terminar la clase, los estudiantes se dispersaron, y el bullicio habitual llenó el pasillo. Sin embargo, para Caín, ese murmullo era solo un eco lejano de su propio silencio. Sin tener clases, se quedó en el vestíbulo, esperando en la entrada del edificio. Su rostro, tan inmutable como siempre, ocultaba un torbellino de pensamientos: el recuerdo de esa breve intervención lo había perturbado en formas que él mismo prefería no admitir.
Poco después, Ari salió del aula, con el rostro impasible y los pasos medidos. Mientras se encaminaba hacia la salida, su mirada se encontró, brevemente, con la de Caín, quien la esperaba en el umbral. En ese instante, el ambiente se llenó de un silencio compartido, casi ritual, en el que ambos parecían no tener prisa por romper la costumbre.
En la mente de Caín, el incidente con Elías se mezclaba con la rutina del día. Recordaba cómo, sin pensarlo, había tomado una decisión instintiva para proteger a Ari, y aunque esa acción se desvanecía en el tumulto de su jornada, aún dejaba un eco en su interior. Para Ari, ese recuerdo se deslizaba como un susurro, perturbador en su inercia, pero algo que prefería archivar en lo profundo de su indiferencia.
Cuando la clase terminó, el murmullo de los estudiantes se disolvió en el pasillo. En lugar de separarse en la vorágine del campus, Caín se quedó esperando a Ari en la salida del edificio. Al verla emerger, con la costumbre de su paso medido y la mirada intacta, él la alcanzó sin forzar, caminando a su lado.
El frío matutino seguía envolviendo la escena, y mientras avanzaban juntos por la acera, el eco del incidente con Elías resonaba en el interior de Caín. La imagen del momento en que él había sujetado el brazo de Elías para proteger a Ari se repetía en su mente, mezclándose con la rutina compartida, como un susurro que desafiaba su inmutable frialdad.
Sin embargo, en ese trayecto, algo sutil se transformaba. Aunque Ari mantenía su habitual indiferencia, sus pasos parecían un poco menos solitarios al compartir el camino con Caín. Él, a su vez, a pesar de la tensión y la irritación que le producía la insistente cordialidad de Elías, se había comprometido en silencio a acompañarla hasta el edificio en que vivía.
Al llegar a la entrada, Caín se detuvo un instante, dejando que el silencio hablara. La puerta del edificio se abrió lentamente, y, sin romper la rutina con palabras forzadas, Ari cruzó el umbral. Caín se quedó unos segundos en la acera, observando la figura de Ari desvanecerse en la penumbra del portal. En ese breve lapso, el recuerdo de aquella intervención y el eco de sus silencios compartidos se quedaron flotando en el aire, como una promesa tácita de que, aunque la rutina era su refugio, algo en esa cercanía estaba comenzando a trazar un puente invisible entre dos almas que se encontraban en medio del frío cotidiano.
Ya en su apartamento, el ambiente familiar se convirtió en el escenario de sus reflexiones. Caín, en la penumbra de su escritorio, repasaba en silencio cada detalle del día, mientras el eco del gesto protectivo se mezclaba con la inercia de su rutina.
Ari, por su parte, se dejó caer en el sofá de su sala. El recuerdo del día—la imagen de Caín sosteniendo el brazo de Elías, la mirada compartida en la salida, la sincronía de sus pasos—se agolpaba en su mente. Aunque intentaba bloquear esos pensamientos con la habitual indiferencia, algo en ella comenzaba a sentirse perturbado.
Decidida a aclarar sus ideas, Ari se levantó con movimientos medidos y salió del apartamento. El aire fresco de la noche, cargado con el murmullo distante del tráfico y el crujido de las hojas, la recibió como un bálsamo. Mientras caminaba por la acera casi desierta, cada paso le permitía disipar, al menos por un instante, el peso de los recuerdos y la tensión acumulada durante el día. En ese tranquilo caminar, el silencio le ofrecía una oportunidad para ordenar sus pensamientos y, tal vez, abrir una pequeña brecha en la rutina que la había definido durante tanto tiempo.
La noche se impregnaba de una brisa melancólica cuando Ari salió de su apartamento, sus pasos tan medidos y su mirada tan fija como siempre. Mientras avanzaba por la acera, parecía susurrar rutinas inalterables. Llego un parque cerca de su edificio, se encontró con Elías acompañado de dos chicos.
Elías se adelantó y, con una sonrisa cálida, la saludó:
—¡Hola, Ari!
Uno de los chicos, en tono amistoso, añadió: —Hemos escuchado mucho de ti.
Otro, sin disimular su asombro, comentó: —Tu belleza es demasiado irreal.
Ari, sin apartar la vista del camino, simplemente asintió y, con voz monótona, murmuró: —Gracias.
Elías y los chicos intercambiaron algunas palabras más, pero el breve encuentro se disipó tan silenciosamente como había surgido, dejando en el aire el eco de esos saludos, mientras Ari continuaba su trayecto inmutable, resguardando su habitual indiferencia.
Minutos después ari decidió volver a su apartamento.
Ya en su apartamento decidió darse un baño, mientras el agua recorría su piel sus pensamientos se centraban en Caín.
Se acostó en su cama, y minutos después se quedó dormida.
"Cuando la noche se adueña del sueño, los recuerdos se funden en la penumbra, dejando una promesa apenas susurrada en la soledad."
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ESTE CAPITULO ESTA UN POCO CORTO, PERO DÉJEME DECIRLES QUE SE VIENE LO BUENO YO SE QUE LES VA A ENCANTAR, QUISIERA SABER LA OPINION DE CADA UNO SOBRE LA NOVELA QUE LES A PARECIDO HASTA AHORA
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LA OBSESIÓN DE CAÍN
RomanceAri es una universitaria que estudia psicología. Tiene una personalidad fría y distante. Su mundo parece tranquilo y calculado hasta que conoce a Caín. Caín, por su parte, es un joven igual de frío e inexpresivo. La ausencia constante de sus padres...
