¿Te has puesto a pensar de que están hechos los sueños? ¿Por qué las pesadillas se sienten tan reales que las heridas ocasionadas ahí, duelen? Quizá nuestra mente trae el dolor mental a la vida real y trata de hundirte en la oscuridad junto a tus miedos.
Me había preguntado aquello una y otra vez y hacerme una pregunta sin obtener respuesta , agotaba mi mente de manera sorprendente a tal punto que dormir ya no parecía atractivo.
Pensaba que las pesadillas habían aumentado desde el incendio en la casa hogar y es que podía ver claramente como la gente gritaba pidiendo ayuda mientras yo solo sostenía aquel control detonante; en mis pesadillas siempre era la culpable, me veía a mi misma preparando todo y llevando a cabo planes siniestros que terminaban en desgracia y al despertar, mi cuerpo tembloroso me confirmaba cuan dañada parecía estar mi mente.
Me preguntaba si alguien más pasaba por aquello todas las noches. En el fondo deseaba no ser la única que sufría por aquello, aunque eso significara ser egoísta.
—¿Estas bien, Elizabeth?— la voz de Jeff pareció devolverme a la realidad y con mis párpados moviéndose de manera lenta, lo miré fijamente.
—Estoy bien, solo fue una pesadilla— susurré desviando la mirada hacia las sábanas. Afuera nevaba tan fuerte que el viento parecía azotar con furia la ventana.
—¿Qué sucedió?— el chico de rizos parecía más preocupado de lo normal, pues era la quinta vez en cuatro días, que despertaba de manera sobresaltada por una pesadilla.
—Fue bastante confuso. En mi sueño era un terrorista y arremetía contra las personas de la escuela— me detuve para mirar mis manos y la escalofriante imagen de ellas llenas de sangre, apareció frente a mi—, todo parecía tan real que sus gritos aún están en mi cabeza.
—Nadie ha muerto, Elizabeth. No eres una asesina — tomó mi rostro entre sus manos y besó mi frente de manera suave antes de acostarse nuevamente a mi lado. Me quedé pensando en si Jeff realmente no se sentía asustado de que yo despertase como una loca todas las noches. Al menos yo me había asustado y habría preferido ir a casa en lugar de dormir en la misma habitación, peor era en la misma cama. Pero quizá Jeff lo disimulaba bien o solo no tenía miedo por pesadillas aterradoras.
Me acomodé a su lado nuevamente y solo me quedé escuchando los latidos lentos de su corazón una y otra vez sin cerrar los ojos porque de esa forma evitaría mirar aquellas imágenes claras de gente gritando.
No quería sentirme como una loca, pero sabía claramente que estaba lejos de aquello; lo único que se podía rescatar era que Jeff no hablaba con nadie de aquello o al menos eso creía.
—Creo que debería decirle a alguien sobre esto— susurré rogando para que Jeff no se hubiera dormido ya. No podía hablar de aquello con mi madre, pues parecía bastante irritada desde que Carl había decidido visitar a su padre por año nuevo, así que evitaba a toda costa hablar sobre temas serios y me limitaba a dejar que centrara toda su atención en Holly.
—¿Quieres que le diga a mi madre?— Jeff giró su cuerpo quedando frente a mi y me dio una mirada interrogante cuando sus ojos se encontraron con los míos. — De alguna forma que no entiendo parecía saber muchas cosas . Lo demostró el día de Acción de Gracias.
—¿Crees que las pesadillas signifiquen algo?— con la sábana cubriendo gran parte de mi cuerpo, busqué las manos de Jeff.
—Creo que quizá sea algo, como cuando soñabas con esas personas y resultó que eran reales— el castaño pegó su cuerpo más al mío y con gran agilidad, envolvió mi cuerpo con sus brazos.
Me quedé pensando un momento antes de responder y me di cuenta que había visto cosas claves en los sueños y que aún después de tanto tiempo, seguía sin entender o bien, usar aquello a mi favor.
—Desearía ser normal — murmuré con voz de niña y oculté mi rostro en su pecho.
Estaba demasiado agotada por no dormir e ir de un lugar a otro buscando pistas, parecía agotarme el doble.
—Eres normal, Liz. Creo que todos han pasado por eso alguna vez.
—¿Tú has pasado por esto?
—Bueno, no en realidad, pero tú entiendes a lo que me refiero— Jeff soltó un largo suspiro y acarició mi cabello de manera suave—. Te llevaré con mi madre mañana, trata de descansar hoy.
Aún no daba la medianoche y la habitación se quedó en silencio después de aquello. Tenía demasiadas cosas en mente como para intentar dormir luego de tener aquella pesadilla, no podía solo escapar de aquella sensación porque mi mente me arrastraba nuevamente hasta la oscuridad y me torturaba de la peor forma. Pero me mantenía junto a aquel chico de rizos, cuyos brazos me rodeaban como si quisieran protegerme de todo lo malo.
Lástima que no pudiera cruzar la línea de los sueños.
[…]
Observé la luz del semáforo cambiar de color y suspiré mientras apoyaba mi frente en el cristal de la ventana. Jeff tamborileaba en el volante una y otra vez tratando de observar los autos frente a él; no escuchábamos nada de milagro, el silencio en el auto era un tanto incómodo, pero lo agradecía de todas formas, ya que no haber dormido bien la noche anterior, estaba pasándome factura. Quizá mi cerebro se congelaría en algún momento y todo volvería a enloquecerme.
No había olvidado las veces en las que había terminado en el hospital e incluso aquel secuestro. Todo seguía ahí tan latente como aquellas pesadillas en las que mi piel dolía al sentir tanto miedo.
—. . . Tienes que decirle a mi madre todo, ¿de acuerdo? Solo así podrá ayudarte. — la voz de Jeff sonó algo lejana y tuve que obligarme a volver a la misma realidad donde se encontraba él. Al darme cuenta, ya conducíamos hacia su casa y al parecer había estado hablando mucho más que solo las últimas palabras que yo había escuchado.
—¿Eh..? Claro, le diré todo lo referente a las pesadillas, aunque no sé si una psicóloga ayude en esto.— me encogí de hombros desviando la mirada nuevamente e inspiré tan fuerte que mis pulmones dolieron. Quizá por una mezcla del frío o solo la acumulación del miedo, pero lo que fuera aquello, estaba claro que tarde o temprano me haría colapsar y si no era en aquel momento, entonces rogaba al cielo por un poco de piedad, si es que alguien como yo aun podía tener algo como eso.
Observé la enorme casa de los Hardy y acomodé las manos dentro de los bolsillos de mi abrigo con la intención de conseguir un poco de calor, pues la nieve congelada sobre el suelo, emanaba un frio de muerte. Seguí a Jeff con la mirada mientras salía del auto y caminaba hasta el pórtico de su casa, recordaba haber estado en aquel lugar solo una vez, esa noche en la que había salido de aquel agujero extraño, pero lo cierto es que no tenia ni idea de como era la casa de Jeff Hardy. Conocía lo mínimo de aquel lugar y ahora estaba yendo ahí para que la madre de mi novio me diera una charla de todo aquello que había acumulado mi mente. Lo único bueno y rescatable es que por primera vez no estaba en el hospital de Rushville y de eso podría salir un buen resultado, quizá no encontrara la forma de encontrar al culpable, pero si podría obtener un camino, un inicio que me hiciera obtener una mejor visión de todo.
Crucé el umbral de la puerta principal y di un vistazo rápido a absolutamente todo lo que fuera posible observar y posteriormente mis ojos se detuvieron en la mujer castaña que yacía en un vestido beige que acentuaba sus caderas. Era claro lo atractiva que lucia todo el tiempo, pensaba en Jeff, ya que este había sacado los rasgos de su madre, al menos la mayoría. Sus ojos tenían un brillo más profundo que los de Jeff y cuando sostuve su mirada, no pude leer nada en ellos.
—Bienvenida, Elizabeth. — su voz sonó tan tranquila que creí estar entrando en una de esas pesadillas nuevamente. Pero solo era lo que la presencia de aquella mujer emitía, demasiada calma que hasta me parecía aterrador; nunca había sentido algo parecido con otras personas, es decir, estaban las personas como Sebastián que la sensación que dejaba al estar cerca de él daba miedo, Dempsey por otro lado era mas intriga, pero esta mujer era todo lo contrario y pensé que si fuera mi madre, siendo toda una adolescente, nunca me habría salido de control.
La seguí hasta una bonita habitación decorada de forma sencilla y me senté en el diván y suspiré antes de poder decir algo siquiera. La mujer se mantuvo quieta todo el tiempo mientras sostenía una pequeña libreta de apuntes y acomodaba sus gafas.
—Esto no es una sesión de terapia. — dejé caer mis hombros porque en sí aquella visita me ponía los nervios de punta. No estaba pensando en la idea que aquella mujer iba a tener de mi luego de contarle tal cosa, pero si me inquietaba un poco hablar de temas que no entendía.— Jeff dijo que sería buena idea hablarlo con alguien, estas pesadillas han estado presentes desde que Tinny desapareció si mal no recuerdo.
Acomodé con tranquilidad mis pies a lo largo del diván y observé el techo con tranquilidad. Tampoco es que decirlo hiciera una diferencia, si ella sabía una respuesta para que pudiera dormir sin tener que despertar aterrorizada, entonces me arriesgaría un poco.
—¿Cómo suelen empezar tus pesadillas?— no respondí de inmediato, me mantuve pensativa unos minutos mientras intentaba recordar cada escenario que había visto en mis sueños. Un leve escalofrío recorrió mi espalda solo de intentarlo y posteriormente, me dispuse a cerrar los ojos.
—El escenario cambia constantemente, aunque la primera pesadilla que tuve se repitió dos veces, el mismo escenario quiero decir.— chasqueé mis dedos en un intento de encontrar tranquilidad o quizá un ritmo de todo aquello. Mis nervios escalaban de a poco y tenía la necesidad de decir más que solo aquello.— Era la fabrica de Rushville, había gente bailando, gente vestida de forma muy extraña o no muy moderna. Todos siempre tienen el mismo aspecto, ojos grises y vacíos sin emociones.
La observé anotar algo y el silencio volvió a colarse en la habitación. No entendía como es que lograría algo de aquello, pero contarlo no resultaba tan mal.
—Las pesadillas que he tenido últimamente son de cosas que sucedieron ya. — enumeré mentalmente las veces que me había visto involucrada en las últimas muertes y negué en silencio.— Siempre soy quien ocasiona las muertes, por ejemplo, me he visto colocando la cuerda en el cuello de Kim o apretando ese botón para activar la bomba en la casa hogar de Rushville.
—¿Y no has pensado que quizá estas pesadillas solo sean producto de tu necesidad de arreglarlo todo?— su pregunta me heló la sangre e intenté buscar una ruta nuevamente que me hiciera pensar de la forma en la que estaba planteándolo. — Algunas personas desarrollan este tipo de culpabilidad cuando ansían salvar a alguien o algo. Te has involucrado tanto en la situación que tu mente empieza a verte como responsable.
—¿Eso es posible?— me senté nuevamente y fijé mis ojos en ella. La duda probablemente estaba plasmada en cada facción de mi rostro, ella por otro lado parecía más tranquila que nunca. — ¿Si es así, entonces por qué me atormenta tanto? He visto cosas que le helarían la piel, señora Hardy. Esto no puede ser solo culpa.
—Tal vez sea la respuesta si lo ves desde el ámbito psicológico. Pero si la marca en tu espalda es real, entonces alguien quiere jugar con tu mente. — la observé ponerse de pie y dirigirse hasta un pequeño escritorio. Sacó de ahí lo que parecía ser un libro y posteriormente volvió a sentarse. — ¿Qué presenciaste en acción de gracias?
—¿Eh? ¿Se refiere cuando fuimos a Darville?— desvié la mirada hacia el piso, pero pude percibir con claridad como asentía.— Pues fue extraño, tuve una especie de visión en la que yo era una persona que había vivido ahí en el pasado, me dieron de beber un líquido rojo extraño y escuché plegarias casi incomprensibles de parte de tipos encapuchados.
–¿Viste si te hicieron algo más?
—No realmente, una vez que consumí el líquido mi mente entró en un estado extraño, podía sentirlo todo al mismo tiempo, pero mi cuerpo no podía sostenerse por sí solo.
Recordé la sensación que me había producido aquello y suspiré negando lentamente. Meterme en problemas era lo que mejor hacía últimamente y ahora que lo pensaba, la situación parecía más seria de lo que creía.
—Creo haber leído sobre esto en algún lado, pero de nada servirá si no sabemos quien está detrás de esto.— anotó algo rápidamente y luego me miró con tranquilidad. — Necesito investigar más a fondo lo que más contado, cuando tenga algo útil te haré venir nuevamente.
—¿Es todo?
—Me gustaría poder ayudarte más, pero ciertamente no tengo tanto conocimiento como Arthur McAllen en esto. Lo poco que sé es por investigación, así que debo reunir más información.— se acercó para darme un pequeño papel que cuando alcancé a verlo con claridad, noté que era una receta para obtener medicamentos en la farmacia de Rushville.
—¿Son necesarios los medicamentos?
—Es algo para ayudarte a relajarte y así poder ver si las pesadillas disminuyen— no la miré. Mis ojos seguían fijos en el papel.— Elizabeth, creo que la respuesta a todo esto solo la tienes tú, mantén tu mente abierta siempre.
La miré fijamente unos segundos y traté de leer más allá de sus ojos, pero nuevamente no encontré nada más que el marrón intenso de sus orbes. Asentí lentamente y terminé por guardar la receta en el bolsillo de mi abrigo; no dije nada más porque no pensé que fuera necesario hacerlo. Sus últimas palabras me habían puesto a pensar en absolutamente todos los detalles de mis pesadillas, pues si ella no se equivocaba, la respuesta a todo estaba en el sitio en el que iba cuando dormía.
Me encaminé por la enorme casa buscando a Jeff, noté algunas fotografías en puntos exactos de las paredes. Iban desde toda la familia, hasta un pequeño Jeff siempre luciendo alegre en todo momento; pensé en lo solitario que es ser hijo único y recordé que Holly había llegado a casa cuando yo ya era grande, sin embargo, nunca sentí la soledad de la que muchos solían hablar, pero ahora estaba ahí fijándome en ese Jeff tan pequeño y cuya felicidad parecía plasmarse en su sonrisa y parecía real. Esa pregunta rondaba en mi cabeza, esa de sí la felicidad era real.
Alejé las fotografías de mi mente y encontré la puerta de la habitación de Jeff o al menos eso suponía. Di dos golpes en la puerta y giré el pomo para entrar en la habitación; encontré a Jeff sentado frente a la ventana, su sillón había sido movido por la alfombra para obtener aquella ubicación.
—Ya acabó supongo.— murmuré con suavidad manteniendo mi distancia de él. Me detuve un segundo a pensar y me giré lentamente para cerrar con seguro la puerta. No escuché nada por parte de Jeff, así que esta vez caminé hasta donde se encontraba. — ¿Estás bien?
Me detuve frente a él y sus ojos me estudiaron con detenimiento. No me gustaba tanto ver a Jeff callado, de algún modo me helaba la sangre pues me era casi imposible intentar leerlo. Con algo de duda me senté sobre su regazo y su diestra acarició mi espalda baja con suavidad, fue ahí hasta que pude respirar con más calma.
—Elizabeth, ¿te has puesto a pensar en lo loco que ha sido este año?— habló apenas en un murmullo y no me quedó otra opción más que asentir en un intento de invitarle a continuar.— Todo fue muy extraño, pienso en que ni siquiera había empezado el otoño aquella tarde en donde te encontraste con McAllen luego de discutir conmigo.
Mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa y asentí recordando lo enojada y nerviosa que había estado aquel día. El invierno se estaba acabando y con ello el año escolar nos daba nuestros últimos meses en la preparatoria. Todo había cambiado desde entonces y los últimos tres años habían resultado extraños, en especial aquel en donde había perdido casi a todos mis amigos.
—Eres un idiota, Jeff Hardy.— me acerqué para dejar un pequeño beso en sus labios y Jeff correspondió este luego de darme una sonrisa de suficiencia. Nunca lo había escuchado decir algo romántico, ni siquiera me había dicho si yo realmente le gustaba o seguía pensando en reemplazar el lugar que había dejado Dylan, como fuera la situación, estaba claro que yo no le veía como un reemplazo, al contrario, pensaba en Jeff como un chico con el que podía mantener una relación sin preocuparme demasiado; en el fondo sabía que me entendía y su forma de ser me mantenía entretenida de forma extraña.
Los besos escalaron a más, noté un Jeff ansioso llevarme hasta su cama y meterse entre mis piernas mientras me susurraba que no hiciera ningún ruido o sus padres se enterarían. Su ceño fruncido mientras se concentraba en cada parte de mi cuerpo, me resultaba lo más romántico que había hecho hasta entonces porque Jeff no era del tipo romántico, su silencio en tiempos exactos no le orillaban a decir cosas muy sentimentales, así que supongo que su manera de expresarse aún mejor, era cuando estaba en la cama conmigo. Aunque ciertamente aún no entendía nuestra dinámica, ya que solíamos tener sexo sin detenernos a pensar en nada, pero ¿podía considerar esa química en la cama, como amor verdadero? No con Jeff, seguro que para él no significaba más que solo eso, solo deseo.
Cuando volvimos a casa todo estaba en silencio, tampoco me molestaba en realidad. El radio de Jeff no había sonado ni una sola canción desde nuestro viaje a Darville y eso empezaba a parecerme extraño. Leila y Ryan ya no habían estado mucho tiempo en los mismos sitios que nosotros y hasta cierto punto les echaba de menos, quizá porque la tragedia nos había unido y esta misma nos había separado de nuevo.
Guardé los medicamentos en mi bolsillo y di un vistazo rápido a la tienda que estaba frente a la farmacia. En una esquina se encontraba Dylan junto a Kate Sanderson y parecían estaría pasando muy bien; sentí algo extraño removerse en mi estómago y posteriormente vi como estos se besaron. Apenas fue un beso fugaz, pero las sonrisas jamás desaparecieron y eso de algún modo me dejó pensando.
Sabía que ya no tenía derecho de meterme en nada de lo tuviera que ver con Dylan, pero ciertamente ver aquello me había tomado por sorpresa, lo suficiente como para recordar aquellas palabras de Dylan en donde mencionaba que jamás saldría con alguien como Kate; no sabía nada y eso me resultaba algo confuso y quizá hasta molesto, pero quizá Kate había cambiado lo suficiente como para por fin poder agradarle a Dylan y por más que me resultara molesto, no podía hacer nada contra eso.
—¿Tienes lo que ibas a buscar?— la voz de Jeff me sacó de mis pensamientos y me apresuré a entrar en el auto nuevamente. No dije nada al entrar y Jeff pareció darse cuenta de la situación de Dylan y Kate porque era demasiado obvio todo, apenas lo escuché suspirar antes de ponerse en marcha nuevamente.
Mantuve mi mirada fija en la ventana esperando a que el camino a casa no resultara tan tedioso porque estaba claro que de alguna forma aquella situación me había incomodado. No podía creer que de todas las chicas en el pueblo, eligiera a la peor de todas y es que si había pasado por algo horrible, pero aquello no había hecho que Kate fuera una persona diferente.
—¿Todavía lo amas?— la voz de Jeff me heló la piel nuevamente mientras me obligaba a salir de golpe de mis pensamientos. Claro que esperaba que preguntara algo como aquello, lo que no esperaba es que lo hiciera tan pronto como para dejarme sin saber que responder. — Ver a Sanderson y McAllen te ha afectado, ¿no es así?
—Por supuesto que no, Dylan puede hacer con su vida lo que desee.— en aquello no mentía, había aceptado aquello desde el día en el que lo había dejado marcharse de mi habitación para siempre. No tenía nada que reprocharle, yo había estado durmiendo con el chico del cabello riso y él podía hacer lo que quisiera.
Jeff no dijo nada, se dispuso a conducir hasta mi casa y esperé a que saliera del auto y vinera conmigo como antes lo había hecho, pero solo lo observé alejarse. Me ponía un poco nerviosa la situación porque Jeff no era de muchas palabras en ese asunto y quería hablarlo con él, preguntarle que era lo que realmente esperaba de nuestra situación en la que nos besábamos hasta que nuestra ropa desaparecía y luego volvíamos a presentarnos como “amigos” frente a los demás. Odiaba esa parte, pero no quería acelerar nada y arruinarlo, tampoco me molestaba la forma en la que vivíamos, pero no hablar lo suficiente si me ponía de los nervios.
Decidí probar las píldoras aquella noche, esperaba un efecto lo suficientemente bueno de todo aquello porque había hecho a un lado mi otra medicina para consumir lo que se suponía, me daría un poco de tranquilidad en mis sueños.
Coloqué una almohada junto a mi, pues la costumbre de Jeff a mi lado ya era notoria, lo suficientemente como para sentirme extraña sin él ahí. Suspiré mientras mi cuerpo se sumía en un sueño profundo aquella noche.
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Buenas, la verdad no sé si aún exista alguien que aun espere por esto, pero aquí hay un nuevo capítulo de Rushville. He intentado re tomar la escritura porque al fin me siento bien con todo y es buena idea escribir.
La verdad ni siquiera sabía si haría esto nuevamente, pero pues aquí estoy, también si aun queda alguien con vida, me gustaría quedarme esta vez y seguir escribiendo para ustedes.
Nos leemos, espero les guste este capitulo, ciertamente noté que alguien diferente escribir este capítulo y supongo que estoy bien con ello.
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Rushville © (editando)
Misteri / ThrillerRushville es un pueblo donde los días pasan sin prisa y las calles parecen recordar más de lo que dicen. Elizabeth regresa -o quizá nunca se fue del todo- a un lugar donde las ausencias pesan más que las presencias, y donde cada silencio parece tene...
