Irónicamente, jamás olvidaré aquel día,
llegué a la tienda departamental a media mañana,
a mi alrededor todo era fiesta y algarabía,
un niño corriendo, una beba sonriendo muy ufana.
Tantas muestras de amistad y cariño,
por supuesto, era el día del niño,
ingresé y de inmediato me dirigí al área infantil,
comencé a buscar entre todos los entrepaños.
-Disculpe, puedo ayudarle, escuché una voz detrás de mi,
-Eh, claro necesito ropita para una niña de 5 años.
-¿Buscaba algún modelo o tipo de diseño?
volvió a preguntar el dependiente muy risueño,
-No, tan solo que tenga unicornios o maripositas,
porque sabe son sus favoritas.
Claro que sí, acompáñeme por aquí,
esquivando padres y algún que otro maniquí,
al fin el pedido estaba completado.
-¡Oh!, me olvidé del suéter, sino le dará mucho frío,
-Claro, no se preocupe, permítame no me tardo,
Fue entonces que recordé la razón de mi visita,
de inmediato vino a mi mente mi querida Marianita,
sus mejillas sonrosadas, la mirada traviesa,
tantas travesuras que me ocasionaban dolor de cabeza.
El color de su voz, su carita tan risueña,
recordé que vine a comprar la ropa para el funeral de mi pequeña..
