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*NARRA JAYLA*

Ana me miró con una sonrisa traviesa en su rostro, sus ojos brillaban con esa chispa que siempre me hacía sentir especial. A pesar de la multitud a nuestro alrededor, el mundo parecía desvanecerse y solo quedábamos nosotros dos.

Ella entrelazó sus dedos con los míos, y una corriente cálida recorrió mi cuerpo. Era como si el tiempo se detuviera y todo lo demás se volviera borroso. La risa de Jaden resonaba a lo lejos, pero en ese momento, no podía concentrarme en nada más que en Ana.

Ana: "¿Ves? No hay nada de qué avergonzarse," dijo ella, inclinándose un poco hacia mí. Su voz era suave y reconfortante. "Me gusta estar contigo."

Mis nervios comenzaron a disiparse. La forma en que me miraba me llenaba de confianza. La chica del toro mecánico se había desvanecido de mi mente. Solo importaba Ana y nuestra conexión.

Mientras caminábamos hacia la zona de juegos, escuché a Daelo y Thiago discutir sobrquién sería el siguiente en subirse al toro mecánico. Jaden se acercó corriendo, aún riendo de su caída.

Jaden: "¡No puedo creer que me tiraran así! ¡El toro no tenía nada que ver!" decía entre risas, mientras se secaba las manos en sus pantalones.

Ana soltó una risa contagiosa y yo no pude evitar unirme a ella. El ambiente era perfecto; la música vibrante del parque de diversiones, las luces parpadeantes y el aroma a palomitas llenaban el aire.

Decidí arriesgarme un poco más y le dije a Ana: "¿Te gustaría subir al siguiente juego conmigo? Tal vez el miedo nos acerque más." Ella arqueó una ceja, claramente intrigada por mi propuesta.

Ana: "¡Claro! Pero solo si prometes no gritar más que yo," retó con una sonrisa desafiante.

"Es un trato," respondí mientras la guiaba hacia la atracción más aterradora del parque.

Al llegar, sentí cómo mi corazón latía más rápido por la emoción y un poco de nerviosismo. Nos sentamos juntos en el asiento, y antes de que pudiera pensarlo dos veces,tomé su mano nuevamente. Esta vez no la apartó; al contrario, apretó suavemente mis dedos.

A medida que el juego comenzó a moverse, sentí cómo la adrenalina nos envolvía. Gritos de alegría y terror llenaban el aire mientras nos lanzábamos hacia arriba y abajo. Ana soltó un grito que sonó más como una risa y yo no pude evitar reírme también.

Cuando finalmente terminó el recorrido, ambos estábamos sin aliento y con las mejillas sonrojadas. Miré a Ana y vi su expresión iluminada por la emoción; sabía que este momento era especial.

Ana: "Eres increíble," dijo mientras le pasaba un mechón de cabello detrás de la oreja. "Gracias por hacerme sentir así."

"Y tú eres aún más increíble," respondí sinceramente. En ese instante supe que nuestro vínculo se había vuelto más fuerte, como si cada aventura compartida tejiera un hilo invisible entre nosotros.Con cada paso que daba junto a ella esa noche mágica, mi corazón latía con más fuerza, sabiendo que estaba justo donde quería estar: al lado de Ana.La noche continuaba envolviéndonos en su manto de luces y risas. Después de la montaña rusa, decidimos explorar más del parque de diversiones. El aire estaba impregnado de dulzura, gracias a los algodones de azúcar y las manzanas caramelizadas que se ofrecían en cada esquina. Ana miró un puesto que vendía esos deliciosos manjares y sus ojos brillaron con emoción.

Ana: "¡Mira! ¿Podemos compartir una manzana caramelizada?" preguntó, apuntando con entusiasmo.

"Por supuesto," respondí, sintiendo que su alegría era contagiosa. Compré una grande y brillante, y mientras nos sentábamos en un banco cercano para disfrutarla, nuestras manos se entrelazaron nuevamente.

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