Capítulo 27 Final

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Después de horas de negociación sobre qué debería y qué no debería hacerse público en el Senado, y cómo debía manejarse la identidad de Palpatine como Sith —o si siquiera debía revelarse—, los senadores no lograron ponerse de acuerdo, y la reunión terminó con un aplazamiento.

Anakin observaba ahora los jardines desde un balcón en la casa de campo de la familia de Padmé, recordando todas sus visitas a aquel planeta.

Allí había comenzado su vínculo con Padmé. Allí habían decidido seguir el juego de Palpatine… para finalmente ponerle fin.

Ese acuerdo llegaba ahora a su término. Muchos de sus objetivos se habían cumplido, pero otros habían fracasado. En números fríos, debería sentirse satisfecho. Al final, no habría necesidad de una segunda guerra. Pero…

Anakin se volvió al sentir que Padmé se acercaba a él. Como siempre, a su lado flotaba Masacre 2.0, encargado de su seguridad.

Padmé no dijo nada. Lo abrazó. Anakin también la abrazó.

—Rex ha muerto, Padmé. Toda la 501 ha muerto. Palpatine activó el chip en sus cerebros para intentar matarme. Y casi lo logra. Pero Rex logró resistirse, y gracias a él pudimos escapar con vida —explicó Anakin.

Padmé se separó de él y limpió sus lágrimas.

—Lo siento tanto, Anakin —dijo con pesar.

—Se lo prometí, Padmé. Le prometí que, al terminar la guerra, él sería libre. Que los clones podrían vivir sus vidas con la misma libertad que todos los demás. Pero todos murieron. Incluso habiendo terminado la guerra… murieron. Y murieron como esclavos, obedeciendo la orden de su amo, Palpatine. ¡Voy a matarlo, Padmé! ¡Voy a matar a ese viejo miserable! ¡Se lo advertí, y no hizo caso!

—Anakin —lo interrumpió Padmé, asustada—. No puedes dejar que el odio te ciegue…

Anakin le colocó suavemente un dedo en los labios.

—No, Padmé. No haré eso. No puedo. Ya no se me permite. Aunque desearía transportarme a Coruscant y cortarle la cabeza a Palpatine sin pensarlo, no puedo hacerlo. Hay cosas que debo hacer primero. Debo terminar con la esclavitud, como he prometido tantas veces. Debo asegurarme de que esta guerra llegue a su fin. Y debo hacer que tanto el Senado como los separatistas asuman su responsabilidad por lo que ocurrió.

»Hay demasiadas cosas que debo hacer. Por eso, no puedo actuar contra Palpatine ahora.

»Pero tampoco dejaré ir mi odio, mi ira y mi resentimiento. Se quedarán conmigo, Padmé. Igual que todos los recuerdos de la guerra, y los de la paz. Cada momento que viví junto a ellos lo conservaré. Entiendo que no pude evitar su muerte. Acepto que murieran… pero jamás olvidaré lo que fueron. Su existencia no será borrada, Padmé.

Padmé volvió a abrazar a Anakin, y ambos guardaron silencio hasta que cayó la noche y una de las lunas de Naboo reflejó su luz sobre ellos.

Padmé se apartó ligeramente y lo miró al rostro.

—Anakin… ¿por qué te ves así? —preguntó, llevándo una mano a su mejilla.

Anakin negó con la cabeza.

—Antes de que Palpatine atacara, conocí a unos “parientes lejanos”, en lo que podría llamarse otro mundo. Un anciano muy terco quería que me quedara allí, porque según él era mi destino, pero decidí traerlos conmigo.

»Aunque pueden causar problemas si no estoy pendiente de ellos… podrías decir que hicimos un trato para mantener las cosas en orden —explicó Anakin—. Además, puedo aprender mucho de ellos, sobre mí mismo y sobre la Fuerza. Su comprensión de la Fuerza es realmente extraordinaria —agregó. Padmé parpadeó.

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⏰ Última actualización: May 08, 2025 ⏰

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