Dimitri Ivanov
Camino de un lado a otro por el pasillo blanco del hospital. La tensión me oprime el pecho, como si una mano invisible me estuviera estrangulando desde dentro. No puedo quedarme quieto. Cada vez que me detengo, escucho sus gritos, los malditos gritos de Liliana desde la sala de parto, y siento que el mundo entero se me desmorona bajo los pies.
Estoy furioso. No conmigo, no con ella. Con el universo. Con todos.
Quiero matar a alguien. A todos, si es necesario.
Porque ella está sufriendo... y yo no puedo hacer nada.
Aprieto los puños y golpeo la pared con fuerza. El yeso cede un poco, pero no lo suficiente como para liberar esta rabia que me está consumiendo. He enfrentado guerras, he matado hombres sin pestañear, he puesto en su sitio a traidores, políticos corruptos, compradores imbéciles... y sin embargo, ahora mismo me siento completamente impotente.
—¡Maldita sea! —mascullo, cerrando los ojos.
No puedo perderla. Ni a ella, ni a nuestro hijo.
Han pasado tres años desde la última vez que estuve en el campo de batalla. Tres años desde que puse fin al enfrentamiento más brutal que he vivido. Desde entonces, todo ha estado en calma... más o menos. Alguno que otro problema con ciertos compradores que creen que pueden estafarme, y políticos que necesitan recordar a quién deben temer.
Pero nada de eso importa ahora.
Nada importa más que ella.
Mi Liliana.
La mujer que se convirtió en mi paz en medio del caos. Mi ancla cuando el mundo parecía devorarme. La mujer que me miró con amor incluso cuando no lo merecía. Que me eligió una y otra vez.
Y ahora está allí dentro... trayendo a este mundo a la persona que será nuestra extensión, nuestra sangre, nuestra historia hecha carne.
—Señor Ivanov... —Una enfermera se asoma, nerviosa. Me mira con respeto, pero también con temor. Todos en este hospital saben quién soy.
—¿Qué pasa? —pregunto de inmediato, acercándome.
—Aún no ha salido, pero el doctor dijo que todo avanza... solo que está siendo un poco más complicado de lo esperado.
Asiento en silencio. No quiero que me digan que "todo estará bien". No me interesa el consuelo vacío. Solo quiero verla. Solo quiero que todo esto termine y pueda abrazarla, besar su frente, decirle cuánto la amo, aunque no sea bueno para decir esas cosas. Ella siempre lo supo.
Nos amamos en el caos.
Y eso nunca ha cambiado.
Un nuevo grito me atraviesa como un disparo.
Miro la puerta cerrada. Siento el impulso de derribarla, de entrar y cargarla en mis brazos, de llevármela lejos. Pero no puedo. Por primera vez en años, dependo de otros. De esos malditos doctores. De la vida misma.
Y eso me mata.
Pero entonces, unos minutos después, la puerta se abre. Sale una doctora con una pequeña sonrisa cansada.
—¿Dimitri Ivanov? —asiento de inmediato.
—Es una niña. Y Señora Ivanov está bien. Un poco agotada, pero bien. Puede pasar a verla.
Mis piernas se doblan un segundo. Un peso invisible se cae de mis hombros. Me quedo quieto. Solo un momento. Cerrando los ojos.
Gracias.
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ÉXTASIS " Saga Martirio# 1"
No FicciónEn un mundo donde la pureza se entrelaza con la crueldad, la historia de Liliana y Dimitri se teje en una telaraña de contrastes y pasiones prohibidas. Liliana, una joven criada en un convento rodeada de la paz y la bondad de las monjas, irradiaba d...
