14. Cliente.

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Cuando Minseok lo vio entrar a la cafetería en la que trabajaba, quiso llamar al guardia para que lo sacaran a patadas de ahí, pero se contuvo. Jongdae se acercó tímidamente al mostrador y lo miró con aquellos ojos llenos de arrepentimiento con los que había estado mirándolo cada vez que sus caminos se cruzaban en el pasillo o en la entrada del edificio en donde vivían.

Por su puesto que en aquellas ocasiones no se habían encontrado por casualidad, Jongdae simplemente no paraba de intentar abordarlo para según él explicarle las razones por las que era un idiota.

Incluso había recibido una sorpresiva visita de Junmyeon, quien luego de saludarlo con incomodidad le había entregado un sobre con documentos que él mismo se obligó a firmar. Uno era una promesa de que no iba agredir físicamente al pejelagarto de nuevo y la otra era una promesa de no demandarlo. Minseok no pensaba perder el tiempo con él, así que firmó, pero cuando Junmyeon le entregó un cheque compensatorio se había sentido bastante ofendido y había acabado rompiéndolo frente a sus narices. Habían momentos en los que se arrepentida de no haber tomado el dinero, pues era una buena suma y le sería muy útil con sus gastos universitarios, pero luego lo pensaba mejor y se convencía de que había hecho lo correcto. No tenía nada que mendigarle a ese idiota, no quería que una suma elevara su pocision de gusano, si algún día subía de estatus tendría que ser por meritos propios.

Jongdae se aclaró ligeramente la garganta y lo regresó al presente, en el que ya llevaba varios segundos ignorando que el malnacido estaba parado justo frente a él.

—¿Me das un tiramisú? —Jongdae pidió tímidamente.

—No hay —Minseok respondió bruscamente desde el otro lado de la caja registradora, aunque él mismo los había inventariado, habían por lo menos diez de esos.

Jongdae lo observó atentamente, sabía bien que Minseok odiaba su uniforme, pero lo cierto era que se veía lindo con él, incluso con la redecilla.

—Entonces dame un tamal.

—No vendemos tamales aquí.

—¿Un pan con pollo?

—¿Puede ir a hacerse el gracioso en otro establecimiento? —Minseok preguntó con un gesto de fastidio llenando su rostro.

—De acuerdo, dame uno de esos —Jongdae apuntó a cualquier lugar dentro de la vitrina repleta de repostería.

—¿Algo más? —Minseok dijo después de digitar algo en la pantalla.

—No —murmuró—. ¿Podemos hablar?

—No, está haciendo fila, señor, si no quiere nada más, retírese, por favor.

Jongdae tomó una profunda respiración.

—Quiero hablar con el encargado —demandó con seriedad.

Por primera vez en una semana, Minseok se encontró con su mirada.

—Este no es un lugar para hablar asuntos...

—Tengo una queja sobre un empleado —Jongdae lo interrumpió—. Quiero hablar con la persona a cargo.

Minseok tomó una profunda respiración, recordándose que estaba en el trabajo y que además le había firmado un documento a Junmyeon.

—Espere en aquella mesa —indicó, señalando una mesa vacía al fondo.

Jongdae fue allá y esperó pacientemente a que Minseok atendiera al resto de personas en la fila. Lo observó atentamente desde la distancia y notó que a los demás los atendió amablemente, incluso con sonrisas y aunque aquello era algo hermoso de ver, a Jongdae le desgarraba el corazón haber perdido el derecho a sus sonrisas. Después, Minseok fue a la parte trasera de la tienda y se perdió ahí por un rato. Cuando por fin vino a su mesa, se detuvo frente a él y sin mirarlo dejó caer una hoja de sugerencias y un bolígrafo en la mesa.

MUSE [Chenmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora