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16. De fin a principio. (Final)

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Minseok subió a su piso sintiéndose desconsolado. ¿Jongdae se había marchado por su culpa?

Incapaz de contener sus lágrimas por un segundo más, se permitió llorar, cosa que no había hecho desde que se separaron. Había creído que era ridículo echarse a llorar por algo como aquello, pero en ese preciso momento no podía hacer más que sollozar desesperadamente mientras las lágrimas humedecían sus mejillas.

Salió al balcón, porque ese había sido el punto de encuentro más frecuente, y observó el balcón vacío al lado. Ya no iba a encontrarse con él ahí, haciendo nada, solo pasando el tiempo el tiempo mientras observaba la ciudad. Minseok siempre pensó que Jongdae era solo un vago sin oficio ni beneficio, pero ahora se preguntaba si, en aquellos momentos en que lo había encontrado con la mirada fija en el horizonte, no habría estado creando alguna historia en su cabeza, inspirado por los mágicos atardeceres de la ciudad.

¿Por qué lloras?

—Porque Jo... ¡Jongdae! ¿Qué haces ahí, grandísimo imbécil?

Jongdae parpadeó y miró a su alrededor pareciendo muy confundido.

—Vivo aquí —respondió en un murmullo—. ¿Qué tienes? ¿Por qué lloras?

—¡Por nada! Estaba... ¡picando cebolla!

Jongdae lo miró luciendo incluso más confundido. ¿Por qué le estaba gritando? ¿Qué había hecho ahora?

—¿No te fuiste? —Minseok murmuró de pronto. 

Entonces, ¿lo había confundido con algún otro vecino? Incluso corrió detrás del camión de la mudanza. Dios qué vergüenza, qué bueno que no lo notaron.

—No, ¿a dónde? —Jongdae preguntó aún sin comprender qué carajos sucedía. Minseok no respondió, ni una pista de su actitud—. ¿En dónde estabas?

—¿Qué? —Minseok preguntó suavemente.

—No has estado en casa estos últimos días —Jongdae señaló.

Había llegado a temer que Minseok hubiera decidido marcharse para no tener que verlo más. Le alegraba que estuviera de vuelta, aunque empezaba a temer que algo muy malo hubiera ocurrido, dadas sus lágrimas.

—Fui a pasar el fin de semana con mi hermana —Minseok explicó mientras se limpiaba la nariz.

—¿Está mejor? —Jongdae preguntó temiendo que no fuera así.

—Sí, bastante mejor.

Era un alivio descartar aquella posibilidad.

—¿Y los niños? —preguntó.

—Están bien —Minseok respondió e hizo una pequeña pausa—. Preguntaron por ti —añadió.

De hecho, no habían parado de hacerlo. Jongdae sonrió al escuchar aquellas palabras.

—Diles que envío saludos la próxima vez que los veas.

Minseok tomó una profunda respiración, infundiéndose valor.

—Me hicieron prometer que la próxima vez que los visitara te llevaría conmigo —confesó.

Como Jongdae no respondió en los próximos segundos, Minseok se giró para enfrentarlo.

—¿Qué haces? ¡Bájate de ahí! —exclamó con temor al verlo encaramado en el bordillo del balcón, rodeando las rejas que dividían el lado de cada uno.

Lo ayudó a bajar de su lado y cuando sus pies tocaron el piso, Jongdae trastabilló hacia el frente. Minseok le tomó los antebrazos para evitar su caída.

MUSE [Chenmin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora