Un tweet casual de Hobi, riéndose de una situación en el trabajo, desencadena una serie de eventos al azar.
Las conexiones entre amigos y amigos de amigos, se multiplican a través de Twitter, Instagram, Kakao Talk. Reuniones casuales, nuevas amist...
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El cielo sobre París apenas empezaba a iluminarse con la luz suave de las ocho de la mañana. La habitación del hotel de Jimin, decorada con elegancia moderna, estaba bañada por el sol del verano europeo. A través del ventanal se veía el perfil dorado de los tejados parisinos, y sobre la mesita del rincón, una taza de café humeaba junto a su celular, donde una videollamada de KakaoTalk se estaba conectando.
En pantalla, el rostro de Tae apareció, despeinado, con una camiseta sin mangas y una lata de Coca cola en una mano. El calor del verano se notaba también en Seúl.
—¿No es muy temprano para verte tan despierto y maquillado? —bromeó Tae al ver la cara perfectamente iluminada y fresca de Jimin en la pantalla.
— Hoy tengo dos fittings y uno es ahora a las 9 , luego una entrevista en el showroom de Dior y por la noche una cena con una editora francesa que quiere convencerme de abrirme un TikTok. Ayúdame.
—No puedo salvarte —se rio Tae— Eres el hombre más público que conozco después de Jinnie y nuestros amigos idols.
Jimin levantó las cejas con un gesto muy suyo.
—A propósito de Idols... ¿todo bien desde el otro día? con Kookie ¿Post games, post-cena, post-mirada cómplice número treinta y cinco?
Tae soltó una carcajada breve y desvió la mirada un segundo.
—Sí, todo igual. Jugamos, comimos, hablamos. Me dijo que le gusta tenerme cerca.
Jimin apoyó la taza, cruzando una pierna sobre la otra con aire expectante.
—¿Y tú qué le dijiste?
—Que yo también —respondió Tae, encogiéndose de hombros— Que confío en él. Que me gusta pasar tiempo con él. ¿Qué más podría decirle?
Jimin lo observó unos segundos en silencio. Tae no lo notaba, pero cada vez que hablaba de Kook, le cambiaba el tono de voz: más bajo, más honesto. Más vulnerable.
—No sé... tal vez algo tipo "me gustas", "sal conmigo", o "Deja de mirarme así si no quieres que me enamore más" —sugirió Jimin con una sonrisa provocadora.
—Ni en broma —respondió Tae enseguida, como si la idea fuera absurda.
—¿Por qué no?
Tae suspiró y se pasó una mano por el cabello, despeinándolo aún más.
—Porque no voy a pasar por eso otra vez Mimi, ya hablamos de esto. ¿Y si lo digo y después se da cuenta de que solo estaba confundido, que no era para tanto, que fue una fase y vuelve a lo de siempre?
Jimin mantuvo el silencio unos segundos. Tae no sabía —no podía saber— que las palabras que usaba resonaban en la memoria de Kook, que dudas similares lo habían cruzado a él también. Pero Kook se las había confiado a Jimin en privado.
—¿No te parece que estás asumiendo mucho por él? —preguntó finalmente, con tono tranquilo.
—Estoy protegiéndome —respondió Tae.
Jimin asintió, aceptando la respuesta sin discutirla, pero sin dejar de buscarle las grietas.
—Entiendo que no quieras arriesgarte. Pero también me duele verte callarte tanto. Yo te conozco, Taetae. Sé lo que guardas detrás de cada "está todo bien". Y sé que con Jungkookie... no es cualquier cosa.
Tae desvió la mirada otra vez, y en el fondo de la pantalla se veía una de sus cámaras profesionales sobre el escritorio.
—Lo sé —admitió, bajando la voz— Pero lo que tenemos ahora funciona. No quiero arruinarlo. No importa si no hay nada más. Solo... no quiero perder eso.
Jimin tragó saliva. Hubo un instante de duda, como si quisiera decirle: "No lo vas a perder, Tae, él también está sintiendo esto". Pero se contuvo. Kook había confiado en él. Y Jimin no iba a ser el que lo presionara desde afuera.
—Entonces mantenlo. Pero no te cierres para siempre —dijo con suavidad— A veces lo que más queremos empieza como una posibilidad que no se nombra. Pero si no la dejamos respirar, se apaga sola.
Tae levantó la mirada, más sereno.
—Gracias, Jimin.
—Siempre, idiota —respondió él con una sonrisa leve, antes de levantarse de la cama— Ahora tengo que irme ¿Seguimos hablando después de tus vuelos?
—Te aviso cuando llegue a Nanjing.
—Y mándame fotos —pidió Jimin, ya caminando hacia la salida — Pero no solo de paisajes. Quiero selfies.
Tae río
—Que te vaya bien, te quiero.
—También te quiero Taetae, buen viaje
La llamada terminó. En Seúl, Tae volvió la vista a su escritorio, al cuaderno de rutas de viaje. Y en algún rincón de su pecho, la duda seguía latiendo. Pero también una certeza cada vez más difícil de ignorar.
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