[Despedidas silenciosas]
Debí escuchar al viento,
haber sabido que migrarías con él
en cualquier momento.
Debí escucharte cuando en susurros gritabas que te ibas,
que no volverías para contarme
los detalles de tus batallas,
de tus derrotas y victorias.
Es culpa tuya por abrazarme tan fuerte,
tan fuerte que me perdí entre tus palabras,
tan fuerte que cuando alzaste el vuelo quedé expuesta,
desnuda frente a la culpa.
La culpa mía por no haber sabido darte, por ser nueva en esta rima y aún así quererte hasta Marte.
