Fiestas, sustancias tóxicas, mujeres y Rock N' Roll era lo de cada día para Tommy Lee desde su salto a la fama como el baterista de la banda más infame: Mötley Crüe.
Una de esas tantas noches, en 1983, le bastó una groupie y un descuido para que añ...
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El día había sido extraño desde el primer paso en la isla. Alicia había llegado dispuesta a entregar toda su buena energía, a empaparse de ese lugar para olvidar lo que pesaba en su vida, para distraerse. Pero ahora, sentada frente a Tommy en la cena, sentía que él estaba en otro planeta. Distante. Incómodo. Casi como si su sola presencia le molestara.
Pidieron comida en el restaurante del resort, con la brisa cálida entrando por las ventanas abiertas y el rumor lejano de las olas. A duras penas hablaron. Intercambiaron alguna frase suelta sobre la comida, alguna observación sobre el clima. Él estaba en piloto automático, bebiendo a sorbos cortos, mirando hacia ningún lado.
Alicia decidió no forzarlo. Todos podían tener un mal día, incluso en el paraíso.
A la hora de dormir, la habitación estaba envuelta en la penumbra cálida de las lámparas bajas. Tommy apareció con un short flojo, lo más cómodo que encontró, sin camiseta. El contraste con su piel curtida por el sol y sus tatuajes era imposible de ignorar. Alicia, en cambio, había elegido un short suelto y una camisa vieja de su mamá, gastada en los bordes, con una estampa de The Mamas and the Papas que parecía tener mil lavados.
Ella se acomodó en la cama enorme, dándole la espalda al larguirucho, buscando un rincón propio en esa extensión blanca. Cerró los ojos, intentando dejar que el cansancio la arrastrara.
Pocos minutos después, sintió la cama hundirse detrás de ella, un movimiento largo y pesado, seguido de silencio. Levantó un poco la cabeza y lo vio: Tommy, con una almohada bajo el brazo, se había desplazado hasta el otro extremo de la cama, girando su cuerpo de manera que su cabeza quedara junto a los pies de Alicia.
Ella frunció el ceño, sin entender del todo. Él estaba ahí, pero a la vez muy lejos, como si la cama fuera un océano que prefería no cruzar.
No preguntó nada. No quería que esa última imagen del día fuera una discusión o una broma forzada. Simplemente se acomodó de nuevo, sintiendo el calor leve que él irradiaba desde la distancia extraña que había elegido.
Mañana será otro día, pensó.
(...)
Alicia despertó con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas blancas, movidas apenas por la brisa. La cama estaba vacía a su lado, las sábanas frías. No había rastro de Tommy en la habitación, salvo por un murmullo constante de agua corriendo. La ducha.
Se estiró despacio, con esa sensación de estar todavía medio dormida. Se levantó y buscó su bikini blanco, sencillo pero ajustado, y un vestido fino, largo, que apenas dejaba adivinar la silueta. Peinó su cabello con los dedos, lo dejó caer sobre la espalda, y se sentó a colocarse un poco de protector solar en brazos y hombros.
La puerta del baño se abrió de golpe. Tommy salió envuelto en una toalla, el vapor escapando detrás de él. El calor del baño llenó el aire, mezclado con un olor tenue a jabón y su perfume, ese que era mitad cítrico, mitad algo más oscuro.