Capítulo 31.

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Ambos se quedaron paralizados

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Ambos se quedaron paralizados.

A su alrededor, el estadio rugía eufórico.

━¡Vamos, tortolitos, un beso para la cámara! ━tronó una voz por los parlantes, avivando aún más el griterío.

Alicia giró lentamente hacia el chico a su lado. Noah parecía entrar más en pánico que ella.

━Oh, parece que es de las primeras citas, ¿no? ¡Vamos, amigos, ayudemos a esta parejita! ¡Beso, beso! ━volvió a insistir la voz.

El estadio entero coreaba al unísono.

Finalmente, Noah se volvió hacia ella. Sus miradas se encontraron. Los gritos se desdibujaron en un eco distante; el tiempo se volvió espeso, casi suspendido.

━A-Ali… lo siento, no pensé que esto pasaría. No quiero que estés incómoda, podemos levantarnos y…

━Noah ━lo interrumpió ella, sin saber de dónde sacaba el coraje━. ¿No quieres besarme?

Él quedó inmóvil. Sus ojos verdes brillaban con un fulgor extraño, mitad reflejo de las luces del estadio, mitad de todo lo que se agitaba dentro de él. Tragó saliva.

━Sí quiero… besarte ━admitió al fin.

Alicia no lo pensó demasiado. Se había hundido por completo en el momento: quería sentirse joven, libre, viva. Y desde la primera vez que lo había visto, Noah la había atraído.

Su rostro afilado, casi felino, con pómulos altos como tallados a cincel y una mandíbula siempre tensa entre la ironía y el desdén. Los labios finos, rojizos, perpetuamente ocupados por un cigarrillo o una sonrisa torcida.

Los ojos, claros y cansados, destilaban esa mezcla rara de insolencia y melancolía, como si ya hubiera visto demasiado. El cabello caía rebelde sobre su frente, dándole ese aire de chico que no encaja en ningún sitio pero que, por lo mismo, resulta imposible de ignorar.

Era delgado, con un magnetismo eléctrico en los hombros tensos, como si siempre estuviera a punto de estallar: en risa, en rabia, en deseo. Vestía simple, con prendas gastadas que olían a noches interminables, a carreteras mojadas y bares oscuros.

Noah era eso: una belleza rota, desordenada. No un cliché, sino un misterio en movimiento. Y quizá por eso Alicia no podía apartar la mirada.

Sonrió apenas, sin mostrar los dientes, y cerró los ojos.

Él entendió la señal.

Los labios de Noah tocaron los suyos con timidez, tibios, húmedos. Fue un beso breve, dulce, lo suficiente para encender algo, sin caer en lo grotesco.

━¡Tomen eso, señoras y señores! ¡Lo logramos! ¡Felicitaciones, señorita Lee! ━clamó la voz del estadio.

El hechizo se quebró.

DADDY ISSUES ━━ TOMMY LEE Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora