Cuando el mundo aún era muy joven, el cielo y la tierra ya cansados de ser dos entes separados por caprichos del destino, decidieron hallar una manera de juntarse...y de esa colisión, nacieron cuatro hermanas. No nacieron vivas, pero tenían forma. No respiraban, pero podían hablar. No eran humanas, pero podían sentir
La primera en abrir los ojos fue Pyrophora, cuyo cabello ardía como brasas y cuya voz era un trueno de pasión. De su paso nacían las llamas que daban calor a la tierra...y a veces la reducían a cenizas
La segunda fue Terraeina, de piel tan firme como la roca y mirada serena como las montañas. Con sus manos moldeaba valles y levantaba cumbres, dando hogar a todo lo que vendría después
Luego vino Aetherina, ligera como el soplo del amanecer, de cabellos que parecían nubes en constante viaje. Su risa movía las hojas y su suspiro podía convertirse en tormenta
Y la última fue Neptuna, de ojos hondos como los mares y voz que sonaba a olas lejanas. Allí donde caminaba, las aguas brotaban, trayendo vida...o arrasando todo a su paso
Las hermanas no eran simples guardianas: eran el corazón del mundo. Un estornudo de Aetherina podía convocar huracanes, una lágrima de Neptuna, inundaciones; la furia de Pyrophora, erupciones; y los berrinches de Terraeina, terremotos que partían la tierra en dos
Por eso, vivían no para sí mismas, sino para mantener el equilibrio. Y cuando su tiempo en forma corpórea terminaba, sus almas se quedaban dormidas en el centro del mundo, esperando. No despertaban por antojo: solo lo hacían si la tierra, el mar, el aire o el fuego caían en desorden...o si todas sus encarnaciones habían partido. Entonces, las cuatro volvían, juntas, naciendo en el lugar donde el peligro era mayor
Cada reencarnación heredaba algo más que poder: Neptuna traía consigo la lealtad y la paciencia del agua, pero si la ira la dominaba, podía convertirse en una amenaza destructiva. Pyrophora ardía con dinamismo y pasión, pero si alcanzaba una paz demasiado perfecta, obtenía la apatía absoluta, dejando que el mundo se apagara. Terraeina caminaba con firmeza, pero si se dejaba llevar por la libertad, destruía a quien se le interpusiera con el afán de sentir adrenalina y Aetherina era calma y equilibrio, pero si la alegría la cegaba, adquiría el egoísmo extremo, soplando entonces para sí misma
En raras ocasiones, las hermanas y sus encarnaciones se unían en un solo cuerpo, un instante llamado ‘‘Manifestación’’. Entonces el mundo contenía la respiración: porque ese poder era capaz de salvarlo...o de destruirlo
Así se dice, de generación en generación: «Cuando la tierra tiemble sin razón, cuando los mares se levanten contra el cielo, cuando el aire huya y el fuego no tenga dueño…busquen a las cuatro hermanas. Porque de ellas depende que el mundo siga respirando»
Divinidad: Naturaleza divina y esencia de algún ser creador
Dios /a: Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones politeístas
──Haruna-obachan ──Hakkai miraba a la anciana tratar con cuidado las quemaduras de Seishu ── ¿Inupi estará bien?
Haruna suspiró para seguidamente colocarle un paño húmedo en la cabeza a Takemichi
──Si Seishu es inmune al fuego y terminó quemada ¿De qué naturaleza era el fuego del que estamos hablando? ──preguntó dubitativa
──Era violeta, como un morado lila oscuro, pero brillante ──relató Chifuyu
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Quatro Alliance [EN PAUSA ⏸]
Fiksi PenggemarDespués de haber sido ''rechazadas'' por la Tokyo Manji Gang alias la ToMan, Takemichi, Seishu, Chifuyu y Hakkai descubren que son las reencarnaciones de las poderosas diosas que se encargan de mantener el mundo en equilibrio y están asociadas a los...
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