-¡Alcalde Fhillip!- los gritos se esparcían por el viento. Víctores se entrelazaban con alegría por el pequeño pueblo. Las personas rodeaban el carro resplandeciente que se adentraba al pueblo. El letrero bien colgado en la entrada les dio la bienvenida como cada vez. Las letras en grande presentando el nombre con un rojo llamativo "Welcome to Willow Creek" .
-Las señoritas se ven saludables- gritó alegremente la pequeña anciana justo a su tienda de regalía para turistas. George miró el conocido rostro de la señora y sonrió ladinamente.
-Las vacaciones les cayeron bien, ¿verdad niñas?- respondió cortésmente elevando la palma en saludo a los ciudadanos de su pueblo esperando las respuestas de sus hijas. Su sonrisa fue decayendo al pasar los segundos y no tener una respuesta. Su mirada cayó en las pequeñas niñas que se veían idas con una sonrisa que no les llegaba a los ojos. Lauret igualmente miraba un punto fijo, sobre las casas y tiendas donde se alzaba la majestuosa mansión en la residencia a la cual regresan.
George desliza sus manos por el espacioso lugar que había en la ventana superior del auto. Sus dedos se apretaron con fuerza en las costillas de Lauret, moviéndola hacia el lado de las niñas. Sus dientes rechinaron al hablar con suavidad junto a su oreja- Haz algo. Ahora- su sonrisa permanecía radiante al pueblo, su tono punzante atravesó los sentidos de la dama a su lado hasta hacerla despabilar. Y como si de un robot se tratara, las comisura de sus labios se alzaron en una sonrisa como un mal habito. Lauret tomó con delicadeza los hombros de sus hijas.
-Niñas saluden al pueblo- sonrió al murmurar con tranquilidad hacia las pequeñas que recuperaron su enfoque al escuchar la dulce voz de su madre. Sus miradas se unieron con confusión, para luego caer en la barbilla de su madre que veía animadamente a todas las personas que rodeaban el auto.
Regina y Annette levantaron su mira hacia el pueblo, recuperando, ahora más conscientes de su entorno. Las sonrisas, antes vacías, ahora se veían forzadas, sin importar la incomodidad que les cubrió el cuerpo al sentir la mirada recriminadora de su padre a su lado, sonrieron brillantemente para el pueblo.
Regina con el cuerpo aún rígido se acercó más para que las miradas cayeran en ella, manteniendo a Annette detrás de ella habló fuerte para los ciudadanos- Hola a todos, es bueno volver a verlos. Es..te- Los ciudadanos la miraban expectantes- Este pueblo siempre será nuestro hogar sin importar a donde- Su garganta se sentía seca. Lamió sus labios antes de seguir hablando -No importa a donde vaya nuestra familia, ustedes siempre serán parte de ella. Me alegro de verlos sanos a todos- las palabras salían como si fueran de un texto anteriormente ensayado.
Los ciudadanos gritaron emocionados al oir las delicadas palabras de la hija mayor de los Fhillips. El carro siguió su rumbo después de una corta despedida. La visión a la oscura mansión se ampliaba cada vez más. Las niñas miraban por la ventana con la mente en blanco. Lauret en uno de los asientos traseros se mordía las uñas con un sentimiento sombrío de anticipación que la tenía inquieta. Volver a esta casa solo significaba una cosa para ellas, y ella lo tenía muy claro.
El imponente portón se abrió frente al auto de los Fhillips. Una de las ventanas traseras del auto se abrió dejando a la vista un George sonriente -Señor Smith, es bueno verlo de pie-.
-Bienvenidos- saludo amablemente el portero desde su cabina junto al portón.
-¿Cómo está la señora Smith?- preguntó acomodando su traje.
-Mucho mejor gracias a usted- el señor inclinó su cabeza respetuosamente.
-Vamos, no hagas eso- agita su mano para que eleve la cabeza- Espero que todo siga bien- sonrió para finalmente cerrar la ventana. El carro dio marcha adentrándose por completo en la mansión.
El jardín los saludo junto como los despido, los arboles brillaban, los arbustos podados formaban hileras que los guiaban al encuentro con la gran fuente con una estatua de Ares: dios del olimpo, justo en medio. El carro la rodeó, dejando a la vista las grandes puertas que daban bienvenida a aquella familia.
El auto se detuvo, Lauret se apresuro a abrir la puerta, pero un chasqueo de dedos la detuvo abruptamente -Ya puedes ir a descansar- le hablo al joven chofer.
-Gracias, señor.- sonrió mirándolo por el retrovisor del auto. Este salió del auto, dejando a la familia a solas en el.
George espera ver su espalda desaparecer por el extenso jardín para encarar a su esposa. Lauret miraba la puerta de la mansión con desanimo.
-¿Disfrutaron las vacaciones?- cuestionó con un tono nada sutil de burla. Lauret y las niñas solo miraban sus manos con sus cabezas inclinadas en total sumisión hacia el hombre frente a ellas. George sonrío con malicia al hablar- Espero que sí- no se alteró al no ser contestada su pregunta lo cual sorprendió a Lauret, pero no por que se alegre, sino porque sabía que su noche no sería fácil, no junto a ese hombre. Sabe que no se molestó ahora para poder desquitarse con ella después. Al menos las niñas estarán bien... o eso es lo que ella cree. -En verdad lo espero porque que falta mucho para las próximas- rio amargamente y salió del auto.
Las niñas miraron a su madre con temor -madre, quédate con nosotras esta noche- suplico Annette aferrando sus pequeños brazos a los de su hermana.
Lauret sonrió acariciando su rostro -hoy no podré, pero te prometo que mañana dormiremos las tres juntas, ¿si?- tomo una mano a cada una de las niñas en un intento de darle seguridad.
-¿Lo prometes?- la pequeña susurra.
-Lo prometo- respondió levantando su meñique. Annette entrelazó el suyo con el que le ofrecía su madre. Regina sonrió al ver la interacción y Lauret se permitió respirar libremente.
Estos momentos son los que aún la mantienen a flote. Estas niñas son lo único que la mantiene con vida y un poco cuerda en este mundo tan perverso e injusto.
Frankie★
Que pereza editar
😓
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The Fhillips
Historia CortaLa encantadora familia Fhillip, un enigma envuelto en la apariencia de la perfección. Sus miembros, como piezas de un rompecabezas, encajan con precisión en el retrato de una familia noble y ejemplar. Sin embargo, tras las cortinas de toda aquella i...
