Al llegar a casa, lo único que hice fue dirigirme a la habitación. Estaba fría y vacía. Sin embargo, con solo recordar que besé a Jimin por accidente, parecía iluminarse. Sí, estaba ebrio, pero el recuerdo del sabor de mis labios mezclado con su aroma me dejaba fuera de mí, acompañado de una sutil necesidad de extrañarlo, de que aquello volviera a repetirse. Aun así, sabía que no debía permitírmelo. Todavía estaba casado.
—¿Qué haré?
Solté un suspiro pesado antes de recostarme por completo en la cama, sintiendo lo suave del colchón, aunque esa comodidad no lograba aliviar la tortura de mis pensamientos. Todo se acumulaba en mi mente, sin darme tregua.
Entonces, mi celular vibró dentro del bolsillo de mis pantalones. Lo ignoré por completo, hasta que varias notificaciones llegaron casi al mismo tiempo. Con cierta desgana, saqué el teléfono y encendí la pantalla, encontrándome con el nombre de la persona que había intentado sacar de mi cabeza durante los últimos días.
"Jungkook, ¿podemos vernos?"
El mensaje provenía de Taehyung. Dejé el celular a un lado nuevamente, intentando descansar, aunque fuera hasta que apareciera la plena luz del día.
"No me ignores, por favor. Tenemos que hablar".
Sabía que debía empezar de nuevo, sin que él estuviera en mi vida. Presioné el chat dos veces desde la pantalla de bloqueo y leí el mensaje por última vez, sin responder. Bloqueé su contacto y lo eliminé de todo rastro en mi celular. Hice lo mismo con aquellas fotos. Entonces, el teléfono recuperó una gran parte del almacenamiento, haciéndome darme cuenta de que todo, absolutamente todo de el, se encontraba dentro de mí.
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Povs de Yoongi
Últimamente, las cosas en mi matrimonio no iban como las había planeado. No hubo un quiebre repentino ni una discusión que marcara el inicio del desgaste; fue más bien un silencio prolongado, una distancia que se instaló sin pedir permiso. Aun así, decidí dejarlo de lado cuando surgió el viaje a Tokio por asuntos de trabajo. Pensé que el cambio de aire me ayudaría a aclarar la mente, a ordenar mis prioridades.
Sin embargo, pasé tanto tiempo a solas con Taehyung que, por momentos, la empresa dejó de existir. Y eso que el viaje había dado frutos: contratos cerrados, acuerdos prometedores, números que harían sonreír a cualquier inversionista. Pero nada de eso lograba llenar el vacío que se expandía en mi pecho.
Al caer la madrugada, terminé de ducharme. El vapor aún envolvía el baño cuando me miré al espejo, preguntándome en qué momento había perdido el control de mi propia vida. En pocos días estaría de regreso en Corea y, como si eso pudiera solucionar algo, tomé mi celular y le envié un mensaje a Jimin.