¿Sabes por qué me gusta irme a Táchira? Estoy aquí en mi casa, en la que siento que es mi hogar —o en la que creo que es eso—, en silencio, sin nadie a mi alrededor, sin ningún ruido aparte de los autos pasando. Estoy aquí en lo que se supone que es mi hogar, sola, en supuesta tranquilidad. sin nadie a mi alrededor.
Táchira, en cambio... Todos los días se levantan a las 7 de la mañana y, usualmente, se acuestan a las 10 de la noche. Todos los días se despiertan por el ruido de la gente que habita esa casa. Me encuentro, a veces —y depende del día—, con gente animada, alegre, propensa a la risa; y otros días me encuentro con gente molesta, furiosa, gente gritando y mostrando que están ahí, que hay alguien.
Muchas veces también me paro pidiendo la bendición, los buenos días y con la gran pregunta de: «¿Te monto una arepa pa' hacer en el budare, para que desayunes?». Aunque yo responda que no o que sí en muchas ocasiones, siempre está esa pregunta.
Aunque mi estancia en ese lugar sea corta, que los días en esa casa sean los más cortos de mi vida, porque los instantes son más alegres y el tiempo, como lo caprichoso que es, suele cortar mi alegría de la mejor manera que sabe hacer: corriendo más rápido de lo que podemos alcanzar a ver.
En esa casa, que a pesar de no tener las mejores comodidades, tiene a las mejores personas que en algún momento he de haber conocido: personas locas. Locas en sentimiento, locas por lo que creen, locas por lo que ven... Personas simplemente locas y sin miedo a demostrar a los que quieren cuán locas están de amor por ellos. Locas por lo caprichosas, locas por lo que aman, locas por lo que odian, simplemente locas por lo que quieren y desean.
En esa casa aprendí que un hogar no hay silencios "comodos" de ausencias vacías. Aprendí que el silencio no es bueno del todo. Entendí que para que de verdad considere un hogar un lugar, tiene que hacer ruido; tal vez no un escándalo, pero sí un: «¿Cómo amaneciste?».
Y cuando pongo todos esos puntos sobre la mesa, entiendo que mi casa no es mi hogar. Sí, es el lugar donde duermo, existo y llego, pero no es mi hogar. Porque mi hogar siempre estará en esa gente loca, loca por mí, loca por no creer lo que ellos creen... Dementes, jaja. Sí, dementes.
Así que me considero una persona locamente fascinada por el afecto de mi, locamente, familia en Táchira. Porque si estar loco es creer que mi hogar está en el lugar donde estén esas personas, yo me declararé totalmente culpable de estar locamente enamorada de la familia que me ama locamente.
G.
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frases
De TodoEste es mi mundo. Esta es mi historias. Esto es lo que me gusta. Esto es mi camino. Esto es mi destino. Y seguire lo que tenga predicho. Estas son mis frases. G.
