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Supongo que ella y yo siempre fuimos polos opuesto, a ella nunca le pusieron barreras, cuando yo viví con ellas toda mi vida, a ella ya no le interesaba el mundo exterior, porque ya lo avía conocido, pero a mí, a mí me fascinaba hasta el sonido de la cascada, los atardeceres y el sumbar del viento, ella siempre fue libre, pero se sentía encerrada, yo nunca lo fui, pero desde mi ventana se sentía como si alguna vez lo hubiera cido.

G.

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