22- Un brindis para siempre

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     El sol se ocultaba tras las colinas, bañando de un naranja intenso los campos de entrenamiento donde Angus descansaba tras una jornada de ejercicio. En la terraza de la casa que T/N y Madelaine ahora compartían dentro de los terrenos de la propiedad, el bullicio de la familia y los amigos empezaba a apagarse, dejando tras de sí un eco de risas y platos chocando.

  Había sido un día largo; el primer cumpleaños del hijo de Nessa se había celebrado por todo lo alto, con los tíos Samuel, Flavio y sus esposas compartiendo anécdotas de rodeos pasados, mientras Camila y Lili presumían sus fotos de la luna de miel ante una Sofía que las escuchaba y miraba con un cariño maternal.

      Madelaine se apoyó en la barandilla de madera, observando cómo la luz desaparecía. Sintió unos brazos cálidos rodeándola por la cintura y la barbilla de T/N apoyándose en su hombro. El aroma a libertad y a hogar las envolvía.

      T/N: —¿En qué piensas, amor? —Susurró T/N, dejando un beso suave en su cuello.

    Mads: —En lo lejos que hemos llegado —Respondió Madelaine, girándose en sus brazos para mirarla a los ojos—. Pensaba en Nessa, en Cami, en Lili... en cómo la vida siguió adelante con tanta fuerza. Pero sobre todo, pensaba en nosotras. En que ya no estamos esperando a que pase algo malo. Por primera vez en mucho tiempo, solo estamos viviendo.

     T/N sonrió, y esa chispa de alegría que antes era intermitente ahora brillaba con una constancia inquebrantable. Tomó las manos de Madelaine y la guio hacia los escalones de la entrada, donde el silencio del campo era absoluto y reconfortante.

    T/N: —Ya cumplimos con todos, Mads —dijo T/N con voz firme y llena de emoción—. Celebramos el bebé de Nessa, brindamos por el matrimonio de tus mejores amigas y pedimos el permiso formal de tus padres. Mi recuperación terminó hace mucho, y ahora que mi padre, mis hermanos, me miran con la tranquilidad de quienes saben que su hija y hermana está a salvo, siento que es nuestro turno. ¿No crees?

     Madelaine la miró con curiosidad mientras T/N buscaba algo en el bolsillo de su chaqueta. El aire pareció detenerse. T/N se arrodilló lentamente, con una elegancia que recordaba a sus mejores días sobre Angus, pero con una vulnerabilidad que solo reservaba para Madelaine.

    T/N: Madelaine, mi amor; me sostuviste cuando no podía caminar y me recordaste quién era cuando yo misma me sentía perdida. Eres el puente que unió a mi familia con tus amigas, creando este mundo increíble en el que vivimos hoy. No quiero pasar ni una noche más sin que sepas que eres mi destino final. ¿Me harías el honor de ser mi esposa?

     Madelaine no necesitó palabras. Con lágrimas de felicidad rodando por sus mejillas, se lanzó a sus brazos, sellando el compromiso con un beso que borraba cualquier rastro de dolor antiguo. A lo lejos, las luces de la mansión Gallardo brillaban como estrellas terrestres, custodiando el hogar de una familia que había aprendido que, después de la tormenta, el amor no solo sobrevive, sino que se vuelve invencible.

....

     La brisa fresca que soplaba desde el lago traía consigo el aroma a pino y agua dulce, un perfume que T/N y Madelaine conocían muy bien. Ese era el lugar donde, bajo un cielo anaranjado con violeta y con el corazón latiendo a mil por hora, T/N le había pedido a Mads que fuera su novia por primera vez, mucho antes de que las sombras intentaran separarlas.

     Esa tarde, la familia no se reunió en el salón formal de la mansión, sino en el muelle privado que bordeaba la propiedad del lago. Cayetana, con su presencia imponente, encabezaba el grupo. A su lado, Arturo y Sofía compartían una mirada de complicidad con los hermanos de Arturo, Samuel y Flavio y las hermanas de Sofía Andrea e Irina. Los hermanos de T/N, Arturo Jr. e Isabella, observaban desde atrás con sonrisas que delataban que ellos también habían sido parte del secreto.

Mujer de Rancho. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora