Narra Hana:
El aire de Shibuya a esta hora tiene ese magnetismo eléctrico de siempre: una mezcla de luces de neón parpadeantes, el rugido lejano del tráfico y ese murmullo incesante de miles de personas. Me emparejo al lado de Yuji y a un que su arrogancia es casi tangible esa forma de caminar como si fuera dueño de la acera hay algo en el que me mantiene aquí.
Dejamos atrás las pantallas gigantes del cruce de Scramble y nos adentramos en los callejones más estrechos. Él apenas se molesta en darse cuenta que voy a su lado, parece conocer el camino de memoria.
—. Falta mucho para llegar estamos caminando bastante .—
—. Los lugares que valen la pena no están donde todos los turistas se amontonan .—
Después de bastante rato caminamos llegamos a un punto que parecía rendirse ante la naturaleza allí bajo un puente aparece el Izayaka.
Una construcción de madera oscura, casi negra por el tiempo que parece sostenerse por pura historia. Unas linternas de papel rojo se balancean con el viento proyectando una luz cálida y vibrante. No hay letreros modernos solo una cortina de tela desgastada con caligrafía en tinta negra.
—. Mira al fin llegamos ! .— dice Yuji casi corriendo dentro.—
Al entrar el mundo exterior desaparece. El contraste es total.
El aire está cargado con el aroma delicioso del carbón de leña y el sake caliente. El techo es bajo, con vigas de madera vista que parecen haber estado allí desde hace siglos. Ya no se oye la ciudad, solo el murmullo de los locales y el crack rítmico de la parrilla de yakitori.
—. Ven acá .— yuji me jala del brazo y me lleva a unos taburetes de madera gastada frente a una barra pulida por décadas de uso, detrás de ella está un hombre mayor que al ver a Yuji le sonríe y se acerca a saludarlo .—
El señor empieza a hablarle totalmente en japonés lo que me hace un poco difícil entender todo. Yuji sonreía y hasta se veía diferente, no es que lo conozca tanto pero parecía haber bajado un poco la guardia.
—. Es lindo no es así .— dijo él volteando a verme .—
Asentí con la cabeza y sonreí.
—. Pareciera que estoy en un lugar antiguo de la época de los samurais .—
El soltó una risa.
—. Para mí es algo así como un refugio tradicional escondido en las grietas de la modernidad más absoluta .—
Detrás de la barra sale otro hombre a un más mayor que el primero y se acerca con familiaridad sonriéndole a Yuji.
—. Ha pasado tiempo, Maestro. Veo que el lugar sigue igual de... rústico. Espero que el daiginjo que guardas en el fondo esté a la temperatura exacta hoy .— dice apoyando sus codos sobre la rústica barra .—
El señor se ríe y toma un trapo limpiando la barra del lugar.
—. El sake no cambia, lo que cambia es la paciencia de quien lo bebe. Has traído compañía... alguien que parece tener más clase que tus clientes habituales.—
—. Jamás traigo clientes aquí .— dijo Yuji frunció el ceño .—
—. Tampoco sales con nadie nunca .—
Yuji lanzó una risa seca y me dio una mirada de reojo.
—. Digamos que hoy decidí que ella merecía ver algo real, lejos de las luces falsas de Omotesando. Ponme lo de siempre, y para ella... trae algo que la ponga a prueba. No me gusta la gente que no se arriesga con los sabores.—
El señor se detiene frente a mí ignorando a Yuji y comienza a hablar con una voz profunda y calmada.
—. Aquí no servimos lo que está de moda, solo lo que el fuego dicta. Dime una cosa antes de que traiga la
bebida. Buscas algo que te reconforte el alma o algo que te despierte los sentidos después de caminar por tanto ruido.—
Me quedé viéndolo con mi cabeza de lado preguntándome cómo contestar esa pregunta. Yuji te mira con una sonrisa de lado esperando tu respuesta.
—. Me encantaría escuchar alguna recomendación para algo que me reconforte el alma y me despierte los sentidos también .—
Yuji se ríe y se queda viendo al hombre.
Hay un pequeño silencio en el que solo se escucha el crepitar de una brasa y el eco de un tren que se aleja. El chico intenta decir algo, pero el dueño levanta una mano, pidiendo silencio sin siquiera mirarlo. Te ha prestado atención de verdad.
—. Pedir ambas cosas a la vez... es ambicioso. Pero el fuego y el frío tienen esa dualidad. Para reconfortar el alma, te serviré mi Zousui de la casa: una sopa de arroz espesa con caldo de dashi que lleva cocinándose a fuego lento desde el mediodía. Es como un abrazo cuando el viento de Shibuya se pone agresivo.—
Sonreí llena de expectativas y emoción.
—. para despertar los sentidos, lo acompañaremos con un sake Nama sin filtrar, frío como el rocío de la mañana en ese monte que viste afuera. Es eléctrico, casi pica en la lengua. Verás cómo el calor del caldo y el choque del sake te hacen sentir que cada parte de ti está despierta.—
No tomaba pero con tremenda descripción y el ambiente del lugar jamás diría que no.
Asentí con mi cabeza aceptando cada cosa que había propuesto.
—. Vaya... a mí nunca me has ofrecido el zousui especial a la primera, Sato-san. Parece que mi acompañante tiene mejores instintos que yo.— dice cruzándose de brazos .—
Sato - San ese era el nombre del señor que nos atendía.
—. Ella sabe pedir Yuji tú solo sabes exigir .— contestó Sato - san mientras servía el sake .—
—. Prueba esto primero. Dime... ¿puedes sentir el sabor de la tierra en el sake, o todavía tienes el ruido de las pantallas gigantes de la ciudad en la cabeza? .— dice deslizando la copa por la barra de madera .—
Tome la copa con cuidado y me asome a verla el color era de un blanco turbio, denso, y desprende un aroma intenso que recuerda al arroz fresco y a la lluvia sobre la tierra húmeda. pero estaba tan extasiada por la experiencia que quería vivirla completa iba a probarlo sin rechistar.
Cuando doy el primer trago una explosión de sabore, sensaciones y contrastes me inundaron cerre mis ojos pra disfrutar mejor de la experiencia. El sake está helado, un frío que corta la calidez del ambiente. Al entrar en contacto con tu lengua, sientes una efervescencia casi eléctrica, un picor juguetón (el Nama está vivo, sin pasteurizar) que te sacude el cansancio del camino. No es solo alcohol; sabe a campo. Hay una dulzura profunda, como de fruta madura, pero con un final seco y persistente que te deja la boca limpia y lista para el siguiente bocado. Mientras el frío baja por tu garganta, sientes cómo tus sentidos se agudizan. El olor del carbón se vuelve más nítido y mientras abro mis ojos la luz de las linternas parece más brillante.
Sato- san se queda observándote, con las manos apoyadas en la barra, esperando ese ligero cambio en tu expresión cuando el alcohol toca tu sistema.
—. Eso es, ahí está .— dice Sato -
San .— esa reacción es la que busco, la ciudad a salido de ti .—
Sonreí.
Yuji, que no puede evitar querer ser el centro de atención, se inclina hacia mí, invadiendo un poco tu espacio personal con esa sonrisa de suficiencia.
—. Vaya, parece que te ha pegado fuerte. Tienes las mejillas un poco encendidas.—
Toque mis mejillas con mis manos.
—. Es que no estoy acostumbrada a tomar pero esto fue todo una experiencia .—
—. Sientes que ahora este lugar es el único que importa en todo Tokio ? .—
Solté una risa y asentí con mi cabeza.
—. Es como si viaje a otra dimensión .—
—. Al menos sabes apreciar las cosas buenas .—
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IKISAKI
RomanceDos vidas totalmente diferentes se encuentran para cambiar uno la vida del otro.
