Todo inició en 1940...Una época prohibida y cerrada; Una era donde el amor estaba prohibido y los sueños eran simples ilusiones.
Yoongi era un hombre de 20 años, un simple hombre con una condición, viajando al lugar más tranquilo a su parecer... so...
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Dicen los hombres sabios: Solo los tontos se apresuran
Cant help falling in love
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El crujido que emitió una pequeña rama al ser pisada por sus zapatos, llegó hasta los oídos del hombre asiatico que caminaba entre la inmensidad del bosque, ese mismo lugar donde comúnmente encontraba la presencia de su amado, en un estado vulnerable o con actitudes diferentes a como era frente a las personas de Damme. Lo entendía, comprendía su temor de que algunos de ellos fuera consciente de su judaísmo; Yoongi creía que su miedo por ser descubierto como un hombre sodomita, el contraste de la pesadilla constante de Jimin, cuyo mayor terror era que un dedo acusador lo señalara como judío ante las patrullas alemanas
Si ambos eran descubiertos podrían morir... Jimin moriría por un crímen que no cometió y él, moriría por algo ajeno a su condición
El crimen de Dios y el Crimen de amar
Corea en ese momento se encontraba bajo el dominio colonial del imperio japonés, todo estaba arraigado al confucianismo; Prácticamente todos tenían el compromiso de la heteronormativa, no existía un deber más grande que el de la procreación. La homosexualidad en Corea del sur no era un crimen, más para las personas era una abominación, un motivó por el cual sanar un pecado con la muerte, esperando que al renacer el alma cambiara de camino. Aquello nunca le había importado a Yoongi, es decir, nunca había desarrollado sentimientos por nadie, ni por un hombre, ni por una mujer; Sus padres esperaban un compromiso, pero nunca tuvo el valor de obligarse, quizás por ello, ni siquiera lo detuvieron el día en el que buscó sus pertenencias para escapar a Bélgica, un país donde ironicamente la homosexualidad era ilegal y castigada
Se sentía libre en un país donde todos temían a la muerte, amando a una persona que reprimía su dolor en largas horas de lecturas. No podía sentirse más egoísta