Habían pasado unas semanas desde que me quedé viviendo en la casa de mi tía y ya me dí cuenta de como iban a funcionar las cosas, mi tía me echaba en cara todo el rato que ella me daba donde vivir y que sin ella estaría en la calle y mis primos me echaban en cara que esa no era mi casa era su casa y ahí tenía que hacer lo que ellos quisieran, a su madre no le parecía tan mal y siempre hacía lo que fuera con tal de darles la razón a sus hijos y eso me hacia sentir que sólo me querían allí para servirles de esclavo, empecé a pensar en que si yo no hubiera nacido todo estaría mejor y a mi no me estaba gustando lo que sucedía a mi alrededor, recuerdo un día en el que me armé de un poco de valor y subí al tejado para acabar con todo mientras me habían encerrado otra vez en la casa para salir ellos a comprar las cosas que quisieran, a mi no me gustaba ir con ellos porque a mi no me compraban nunca nada sólo iba para mirar las cosas que se llevaban los demás, miré al suelo y empecé a llorar, me acercaba lentamente y llegó un momento en el que quedé paralizado y no pude hacerlo así que me retiré y fui a mi cuarto corriendo y llorando, me encerré dentro y me tiré bocaabajo a la cama y seguí llorando mientras pensaba en la manera en la que me había abandonado mi propia familia, poco a poco llegué a la conclusión de que no era mi verdadera familia, y que por eso sería que nadie de la familia ni cercana ni lejana me quería tanto como a todos los otros miembros de la familia, reforzaba esa teoría hasta que casi me convencí pero no quise pensar que era eso porque sabía que me dolería y empeoraría todo lo que estaba pasando.
Pasó el tiempo sin que me diera cuenta y ya habían vuelto, bajé como siempre a cargar las bolsas y todo lo que traían, pesaban bastante y casi no podía con estas pero hice como si no me importara llevarlas yo. Las dejé en la cocina y de nuevo subí a mi cuarto para aislarme del mundo, me tiré a mi cama y hundí mi cabeza en mi almohada y me puse pensar, ¿qué tan lejos estaba de mis padres y mis hermanos?, ¿algún día volverán por mi?, ¿esta bien lo que me están haciendo?... Esa última pregunta me hizo pensar más todavía porque me importaba bastante si estaba bien o no que me dejaran tan lejos de lo que eran mis seres más queridos, pensé por un tiempo y me dije que eso no estaba bien, pero aún así tendría que aguantarme porque sabía que yo no era el que tomaba las decisiones, me levanté y me puse a dibujar la cara de mi madre, me salió horrible porque a esa edad sólo podía hacer garabatos, eso me frustró y destroce el papel del dibujo y golpee repetidas veces la mesa para desahogar me, me llamaron para servir la mesa y bajé al rato sin mirar a nadie a los ojos, me senté a comer pero no podía comer nada así que me levanté enseguida, cuando todos terminaron , como siempre, me levanté, recogí la mesa, subí a mi cuarto y dormí hasta la tarde, al despertarme encontré todas mis cosas empapadas, me enojé muchísimo pero no dije ni hice nada porque sabía lo que había pasado, mis primos se aburrirían y decidieron fastidiar al indeseable Reyk, intenté secar lo que pude y me senté frente a la ventana y me quedé mirando el cielo, estaba brillante y había limpias y blancas nubes, me quedé mirándolas por dos horas y decidí salir a dar una vuelta por la ciudad, me vestí con lo que encontré que no estuviera mojado y bajé a fuera con cuidado de que no me bloquearan el paso para hacerme un montón de preguntas antes de decidir si podía o no salir. Pasaron unas horas y no me dí cuenta de que se había hecho muy tarde, volví a la casa lo más rápido que pude y subí a mi cuarto, me cambié y bajé corriendo a comer, esta vez si comí y al terminar recogí la mesa de nuevo y me fui a dormir. Pasaron así los días, semanas, meses y ya me había acostumbrado del todo a vivir en la casa de mi tía, habían empezado las clases y me había hecho una amiga que consiguió que le dijera el motivo por el que estaba siempre tan deprimido, se sorprendió un poco pero sólo quiso que fuéramos a jugar sin decirme nada del tema, se levantó, me golpeó en el hombro y salió corriendo y yo entendí eso como que debía seguirla y hacer lo mismo si conseguía alcanzarla, cuando nos cansábamos ella volvía a su casa y yo la acompañaba, les caía muy bien a sus padres, siempre que iba con ella me decían que me quedara un rato y me daban galletas de chocolate muy dulces, aveces después de comer con ella salíamos a un pequeño prado que había cerca, nos sentábamos y hablábamos de cualquier tontería, o corríamos recorriendo el prado recuerdo uno de esos días casi perfectamente.
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Mi maldicion llamada vida
Teen Fiction¡Hola! Me llamo Reyk y he cumplido 13 años...me doy cuenta de que el mundo no es tal y como me imaginaba que era...e aquí mi maldición aquello a lo que llaman "vida".