Sobre acabar historias.

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Me dijeron que tenía que escribir una historia con final, no desviarme y apartarla a un lado, como hacen los niños con las verduras, para empezar otra historia. Querían una con un último capítulo, pero no se daban cuenta de que ninguna historia que se precie tiene fin. Puedes escribir una última página, pero nunca serás capaz de apagar la luz; porque tienes poder para crear historias, pero no para cerrarlas. 

Tampoco se dan cuenta de que tú no eres el dueño de esas historias; ellas vienen a ti, te escogen, y te susurran al oído día y noche que las retrates sobre el papel. Las historias quieren ser compartidas, y ¿quién soy yo para negarme a traer a la vida un nuevo mundo?

Y al fin he comprendido que nosotros mismos somos historias. Nos gusta que nos escuchen, que se interesen por nosotros. Y cuando no tomo mi pluma y escribo lo que con tanto entusiasmo me cuentan, caen en el olvido. Y a nadie le gusta ese gran vacío.

Por eso, nunca termino una historia; porque prefiero escribir una línea de todas ellas antes que centrar mi atención en solo una y condenar a las demás a un eterno silencio.

Poesía y otras luces.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora