«autofobia: miedo a la soledad o a sí mismo.»
Emery estaba traumatizada.
Sonaba razonable, considerando que hace menos de doce horas había visto a la mayoría de sus compañeros arder en llamas o ser consumidos por edificios explotando.
Por suerte unos tipos uniformados la habían encontrado junto a sus amigas antes de que la última bomba cayera. Sin embargo, eso no se sentía en absoluto como suerte. Ni mucho menos si ya ni siquiera sabía si agradecía que la hubiesen salvado.
Se llevó las manos a la frente mientras se encogía sobre sí misma. Casi podía verse llorar, pero no lo escuchaba. Sus sollozos sonaban amortiguados, como si estuviera siendo hundida una y otra vez en agua, también se sentía ahogar.
La verdad es que, viéndolo de esa manera, no quería estar sola. No después de lo que había pasado, no después de lo que había visto. Tampoco quería ayuda, simplemente quería a sus amigas, a su familia. Quería a alguien, no interesaba quien fuera. Solo alguien, o terminaría por destruir ese lugar: estaba segura de ello.
Se arrinconó, sus músculos temblaban y sus manos sufrían de espasmos. Hizo su mayor esfuerzo por no golpear las paredes, pero no podía soportar estar allí. Si estaba más tiempo sola algo malo iba a ocurrir, lo sentía.
Posiblemente hasta estaba sucediendo en ese mismo instante. Quizás sus amigas estaban muriendo o estaban muertas ya, junto con el resto del edificio. Tal vez era ella la única sobreviviente y moriría ahí, sola.
Algo malo iba a ocurrir, tenía que salir de allí a encontrar a alguien. Entonces todo estaría bien.
Intentó respirar, solo le habían dicho que se quedaría una noche allí, por su misma seguridad y por la de sus amigas. Les dijeron que era el único lugar en el que no habían podido salvar a un grupo grande, así que tenían que evaluar su estado mental. Además de que, después de haber hablado con otros, habían llegado a la conclusión que lo sucedido en su colegio había sido peor de lo que sucedió en otras áreas en las que también fueron a ayudar.
Nada malo podía ocurrir. Estaba segura. Todo eso lo hacían por su bien. En un par de horas la sacarían de allí. Podía superarlo, no debía ser tan malo.
No.
No.
No...
Se levantó con torpeza y golpeó la puerta. No podía soportarlo, algo iba a pasar.
—¡Tengo que salir de aquí, alguien ayúdeme! —Gritó, golpeando una y otra vez la puerta—. ¡Por favor! ¡Tengo que salir de aquí ahora! ¡Ayuda!
Mara simplemente estaba sentada.
Recordaba todo lo que había sucedido hace horas, pero no podía procesarlo. No lo comprendía.
Se acostó en la cama, sin saber muy bien cómo debía actuar. ¿Debía sentirse triste? ¿Asustada? ¿Sorprendida? Casi le daba vergüenza, ¿cómo debía actuar? No lo sabía, era penoso.
También había visto a Rebeca y Emery llorar, antes de se separaran en grupos para que las llevasen a sus habitaciones. Se sentía culpable por no poder sentir nada, todo se sentía de tantas maneras lejano.
—Mañana buscarán a más, pero todos están muertos, ¿sabes? —Le había dicho un hombre alto que la llevó a su cuarto.
—¿Ah, sí? —Había dicho. No entendía lo que decía.
El hombre ni siquiera había mostrado emoción alguna al escucharla, así que supuso que quizás el comportamiento de ella era normal.
Pero cuando entro a su habitación se dio cuenta de que no entendía nada.
Se sentía flotando en un lugar lejano, sin la menor idea de lo que sucedía a su alrededor.
Tal vez debió de haber preguntado en dónde estaba o cuánto tiempo estaría allí o algo. Debía de haber hecho algo. Entonces, ¿por qué no lo había hecho? No podía entenderlo.
A decir verdad, ¿hacia cuánto tiempo estaba allí? Se sentía como minutos, pero estaba cansada así que tal vez habían pasado horas. Uhm.
Las paredes eran blancas, casi podía ver su reflejo en ellas. Estaban bastante limpias, siendo sinceros. Cuando regresase al instituto tenía que limpiar su cuarto, sino las otras se molestarían con ella. Mara no quería eso, pues tampoco le gustaban las peleas. También tenía tarea de lengua, ¿cierto? Tendría que hacerla también. Además, pronto sería el cumpleaños de Rebeca, así que debería comprarle un regalo.
Dio un bostezo y se cubrió con las sábanas, tenía que descansar. Ya al día siguiente tendría que encargarse de sus pendientes.
Rebeca por su parte ni siquiera tenía una habitación.
Le habían dicho que esperase, así que eso hacía.
Se llevó las manos al rostro, limpiando sus lágrimas. No quería creer lo que acababa de suceder. ¿Por qué habían muerto todos? Por más que lo pensase, no tenía sentido, ¿qué estaba pasando? ¿Por qué había pasado?
Se hundió más en la silla.
—Lo siento por la tardanza —dijo la mujer que la guiaba con amabilidad—. Ya tenemos tu habitación preparada.
Rebeca asintió con la cabeza y se levantó con tristeza de la silla. Siguió a la joven mujer, que acomodaba unos cuantos papeles que tenía en las manos.
—¿Cómo supieron de las explosiones?
—El colegio nos contrató como sistema de seguridad. Al caer la primera bomba, nosotros fuimos directamente —respondió.
—¿Por qué...? ¿Las bombas?
—El mundo allá afuera está dañado. Pasó algo, pero no te preocupes, ya se han tomado medidas al respecto. Aquí te puedo asegurar que estás segura.
—¿Dónde estamos? —Rebeca ahogó un sollozo.
—Bastante lejos de la civilización, digamos. Es por eso que todas las personas a quienes rescatamos están seguras. Nada malo puede sucederles aquí principalmente porque nadie sabe que están aquí.
—¿Y-Y las ciudades? ¿N-Nuestras familias?
—Están bien. Los ataques solo fueron a, uhm, "determinados" puntos, ¿sabes? La mayoría de los ataques por lo que sé solo fueron dirigidos a institutos por el área.
—¿I-Institutos? ¿Por qué alguien haría eso?
—No tenemos ni idea.
Rebeca bajó la cabeza, aguantando nuevas lágrimas.
Se quedaron un rato ambas en silencio, mientras se dirigían a su nueva habitación. El pasillo blanco comenzaba hasta a parecerle inquietante y todas las vueltas que tenía que dar la mareaban, parecía un laberinto.
La mujer se acomodó su cabello castaño detrás de la oreja y repasó sus papeles una vez más.
—Bien, aquí es —dijo, deteniéndose de golpe y abriendo una puerta blanca—. En unas horas posiblemente vendrá alguien más para llevarte al comedor para desayunar.
Rebeca bajó la mirada y entró al cuarto. Solo tenía una cama y un retrete; visto así, parecía una celda.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí? —preguntó.
—Ah, sobre eso —comenzó la mujer antes de cerrar la puerta—, no lo sé. Espera nuevas noticias —cerró la puerta.
Rebeca asintió, aunque ya no podía verla.
Le habían dicho que esperase, así que eso hacía.
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Reclutas.
Ciencia FicciónHemos estado perdidos y con carencia. Tú me prometiste vida en donde solo pude ver muerte. 『pero a nadie le importa, porque no hay tal cosa como la inexistencia si ni siquiera tienes razón por la que llorar al igual que no existe la...
