Hay una chica. Llega todos los días a la cafetería a las 8:26.
Y mientras sirvo a las otras mesas puedo ver cómo me sigue con la mirada.
Y siempre la miro
Hay una chica. Llega todos los días a la cafetería a las 8:26.
Y mientras sirvo a las otras mesas puedo ver cómo me sigue con la mirada.
Y siempre la miro