He guiado mis ojos a miles de lugares, y en ninguno se han sentido como al cruzarse con los tuyos. Increíble es que pasen los días,
y que tu mirada esté grabada en mi cabeza a cada minuto.
Que mi estómago da un vuelco cada vez que veo como te acercas,
con ese aire despreocupado y de persona fuerte,
con esos ojos capaces de iluminar mi oscuridad y apagar mis infiernos.
Jamás había salido de mi boca una sonrisa involuntaria al escuchar algo,
pero llegó tu nombre,
y me cambió las normas.
He visto miles de sonrisas, pero ninguna de ellas ha provocado alguna en la mía al verla.
Y ahí estaba la tuya, que ya no solo cambiaba las normas, sino que partía mis esquemas en mil pedazos.
Que con solo rozarme notaba cómo mi cuerpo se estremecía, y un nudo imposible de explicar con palabras, se ataba con fuerza en mi garganta por el miedo de que fuera la última vez que mi piel entrara en contacto con la tuya.
Me provocas esa adrenalina de estar en lo alto de una montaña rusa, y ese vuelco al corazón cuando desciende a toda velocidad. Esa sonrisa tonta que instintivamente sale de mí, mientras mis ojos te buscan con ansia dispuestos a observarte a cada segundo.
Una pena que tú no vayas a saber esto; toda una pena que sea medio año el que me queda por verte y que después,
mis ojos solo quieran llorar.
¿Sabes por qué?
Porque nunca,
nunca,
se cruzarán con una mirada como la tuya. Nunca otros ojos le devolverán esa sensación de seguridad a los míos.
Después de meses y meses recordándote y preguntándome si estás bien, qué harás los sábados por la noche, si habrás pensado en llamarme, y es obvio que no, seguro que ni se te ha pasado por la cabeza.
Odio pensar tanto en ti, demasiado, y que tú no lo hagas.
Odio jugarme el orgullo por que tú estés bien, y que ni siquiera des las gracias.
Supongo que me tengo que acostumbrar a que la gente desaparezca, que me abandone, de no ser lo suficiente para nadie, de ser la caja de cigarros que todo el mundo fuma pero luego, la que todo el mundo tira y deja de necesitar porque sabe que acabará mal.
Así que ahí va un consejo, no seas sólo un simple cigarrillo que perfectamente puedes tirar al suelo y olvidarte de él, se una droga de las de adición a la primera dosis, de las que te dejan con ganas de más y más, que no puedes estar sin ellas ni un día.
Yo empecé queriendo ser droga y acabe siendo adicta, a ti.
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Salto al vacío
Ficção AdolescenteCuando el vacío más profundo se apodera de ti, sientes que estás perdido. Buscas mil maneras de saciarlo y encuentras mil y una que lo alimentan. El fin de esta historia es ir sumando razones para sentirnos vivas de nuevo. Así que os presentamos a n...