Capítulo 3.

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Llevaba ya una semana viéndola todas las mañanas para ir a trabajar juntos. Me gustaría más verla recién levantada, esa oportunidad la había tenido pocas veces hace ya bastante años. Sus padres siempre se habían llevado bien con los míos, sin en cambio nunca le había hecho mucha gracia que su hija, una niña de buena familia estuviera conmigo, Daniel Oviedo, conocido por las fiestas que me pegaba mucho peores que las de ahora, todo el mundo tenía muy mala imagen de mí pero no todo lo que decían de mí era cierto, yo nunca había fumado porros ni llegaba drogado a mi casa después de estar dos días de discoteca en discoteca, yo de hecho ni fumaba. Pero todo cambió cuando ella llegó a mi vida, cambié por ella pero después de dejarme de esa forma tan miserable el mítico cierra discotecas volvió a salir de fiesta sin tener fin. También me refugié mucho en mi madre, ella me decía que hablaba con los padres de Alicia tras su marcha, que pero cuando le preguntaba por su hija decían que otro día hablarían que no tenían mucho tiempo o simplemente cambiaba de tema evitando la pregunta. Mi madre me decía que ella me quería muchísimo y que seguro que se tuvo que ir por los estudios. Pero yo sé que no, ella lo tenía todo en la vida y sus padres nunca le habían regañado por un simple suspenso.
Aún recuerdo todos los besos y caricias que me daba. Cuando la tenía encima de mí tocando su piel desnuda con la mía, ha sido el cuerpo más bonito que he visto en mi vida. He conocido a mil mujeres pero nunca me han hecho sentir lo mismo que Alicia, yo nos veía futuro, quizá fue eso lo que me hizo tanto daño, mis ilusiones. Mi hermana sabía ya todo esto, sabía que no la había olvidado, ni la olvidaré, no quería hacerlo.
Este era el segundo fin de semana que pasaba sin probar una gota de alcohol, ya era hora de madurar. Estaba aburrido, no sabía que hacer. Llamé a un amigo, iba a venir con su novia y una amiga que decía que me iba a gustar verla. No sé qué es lo que no entienden de que no quiero novia, aunque creo que todos sabemos quien es la excepción.
•••
—Hombre, el desaparecido —dijo Sebas, mi mejor amigo, cogido de la mano de su novia, a la que le di dos besos. Detrás de ella apareció Alicia —¿te acuerdas de ella?
—Sebas, es mi jefa.
—Joder que buena pareja hacíais, aunque estáis a tiempo de seguir haciéndola —rió junto a Alicia.
—Cállate ya, ¿no? —dije bastante serio —pasad.
Durante toda la tarde no páramos de mirarnos el uno al otro. Yo sinceramente me gustaría quedarme a solas con ella en este momento. Estábamos sentados al lado.
—Oye chicos, me tengo que ir.
—¿Ya? —dijo la novia de Sebas.
—Tengo que ir a por Andrea.
—Ve y te vienes con ella.
—Eso —dije yo. No quería que se marchara tan pronto, me da igual quién fuese Andrea. Simplemente quería estar con Alicia.
—Bueno pues en quince minutos nos vemos —dijo dirigiéndose hacia la puerta.
•••
Sonó de nuevo el timbre y fui a abrir, sería ella. Al abrir se me fue la vista a la niña que tenía cogida de la mano Alicia. Andrea no era una amiga suya, sino una niña pequeña. Tenía el pelo negro, la piel blanquita, al contrario de Alicia, y unos ojos grandes y verdes, era una niña muy guapa.
—¿Quién es?
—Mi hija.
—¿Tienes novio?
—No, por dios.
—¿Y quién es el padre?
—No te interesa —dijo esquivándome y pasando a donde estábamos. Fui detrás de ella y me senté en el mismo sitio de antes, al igual que Alicia, aunque sentó a su hija entre nosotros.

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Mi jefa - Daniel Oviedo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora