Ha psado 1 semana desde que Harry recibio la carta llego el momento nos vamos a los Mundiales.
Hacía fresco y todavía brillaba la luna. Sólo un pálido resplandor en el horizonte, a su derecha, indicaba que el amanecer se hallaba próximo. Harry, que había estado pensando en lo de su tio no se dio cuenta de que Hermione le estaba hablando
-- Harry ¿estas bien?-- dijo dandole la mano y el sintió como una corriente eléctrica lo atravesaba. Se fueron hecercando poco a poco sus respiracines chocaban estaban a escasos centímetros pero Ginny " tropezo" con Harry y evitó el beso
-¿Qué tipo de objetos son los trasladores? -preguntó Harry para cambiar de tema
-Bueno, pueden ser cualquier cosa -respondió Hermione-. Cosas que no llamen la atención, desde luego, para que los muggles no las cojan y jueguen con ellas... Cosas que a ellos les parecerán simplemente basura.
Caminaron con dificultad por el oscuro, frío y húmedo sendero hacia el pueblo. Sólo sus pasos rompían el silencio; el cielo se iluminaba muy despacio,
pasando del negro impenetrable al azul intenso, mientras se acercaban al pueblo. Harry tenía las manos y los pies helados. El señor Weasley miraba el
reloj continuamente.
Cuando emprendieron la subida de la colina de Stoatshead no les
quedaban fuerzas para hablar, y a menudo tropezaban en las escondidas madrigueras de conejos o resbalaban en las matas de hierba espesa y oscura.
A Harry le costaba respirar, y las piernas le empezaban a fallar cuando por fin los pies encontraron suelo firme.
-¡Uf! -jadeó el señor Weasley, quitándose las gafas y limpiándoselas en el jersey-. Bien, hemos llegado con tiempo. Tenemos diez minutos...
Hermione llegó en último lugar a la cresta de la colina, con la mano puesta en un costado para calmarse el dolor que le causaba el flato.
-Ahora sólo falta el traslador -dijo el señor Weasley volviendo a ponerse las gafas y buscando a su alrededor-. No será grande... Vamos...
-¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.
Al otro lado de la cima de la colina, se recortaban contra el cielo estrellado dos siluetas altas.
-¡Amos! -dijo sonriendo el señor Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia el hombre que había gritado. Los demás lo siguieron.
El señor Weasley le dio la mano a un mago de rostro rubicundo y barba escasa de color castaño, que sostenía una bota vieja y enmohecida.
-Éste es Amos Diggory -anunció el señor Weasley-. Trabaja para el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocéis a su hijo Cedric.
Cedric Diggory, un chico muy guapo de unos diecisiete años, era capitán y buscador del equipo de quidditch de la casa Hufflepuff, en Hogwarts.
-Hola -saludó Cedric, mirándolos a todos.
Todos le devolvieron el saludo, salvo Fred y George, que se limitaron a hacer un gesto de cabeza. Aún no habían perdonado a Cedric que venciera al equipo de Gryffindor en el partido de quidditch del año anterior.
-¿Ha sido muy larga la caminata, Arthur? -preguntó el padre de Cedric.
-No demasiado -respondió el señor Weasley-. Vivimos justo al otro lado de ese pueblo. ¿Y vosotros?
-Hemos tenido que levantarnos a las dos, ¿verdad, Ced? ¡Qué felicidad cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemos quejar. No nos perderíamos los Mundiales de quidditch ni por un saco de
galeones... que es lo que nos han costado las entradas, más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros...
Amos Diggory echó una mirada bonachona a los hijos del señor Weasley, a Harry y a Hermione.
-¿Son todos tuyos, Arthur?
-No, sólo los pelirrojos -aclaró el señor Weasley, señalando a sus hijos-. Ésta es Hermione, amiga de Ron... y éste es Harry, otro amigo de Ron
-Ya debe de ser casi la hora -se apresuró a decir el señor Weasley, volviendo a sacar el reloj-. ¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?
-No. Los Lovegood ya llevan allí una semana, y los Fawcett no
consiguieron entradas -repuso el señor Diggory-. No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?
-No que yo sepa -dijo el señor Weasley-. Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos.
Miró a Harry y a Hermione.
-No tenéis más que tocar el traslador. Nada más: con ponerun dedo será suficiente.
Con cierta dificultad, debido a las voluminosas mochilas que llevaban, los nueve se reunieron en torno a la bota vieja que agarraba Amos Diggory.
Todos permanecieron en pie, en un apretado círculo, mientras una brisa fría barría la cima de la colina. Nadie habló. Harry pensó de repente lo rara que le parecería aquella imagen a cualquier muggle que se presentara en aquel
momento por allí: nueve personas, entre las cuales había dos hombres adultos,
sujetando en la oscuridad aquella bota sucia, vieja y asquerosa, esperando...
-Tres... -masculló el señor Weasley, mirando al reloj-, dos... uno...
Ocurrió inmediatamente: Harry sintió como si un gancho, justo debajo del ombligo, tirara de él hacia delante con una fuerza irresistible. Sus pies se
habían despegado de la tierra; pudo notar a Ron y a Hermione, cada uno a un lado, porque sus hombros golpeaban contra los suyos. Iban todos a enorme
velocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento que
aullaba en sus oídos. Tenía el índice pegado a la bota, como por atracción magnética. Y entonces...
Tocó tierra con los pies. Ron se tambaleó contra él y lo hizo caer. El traslador golpeó con un ruido sordo en el suelo, cerca de su cabeza.
Harry levantó la vista. Cedric y los señores Weasley y Diggory
permanecían de pie aunque el viento los zarandeaba. Todos los demás se habían caído al suelo.
Me aburro vamos más adelante.
Habían llegado a un área en la que las tiendas estaban completamente cubiertas de una espesa capa de tréboles, y daba la impresión de que unos extraños montículos habían brotado de la tierra. Dentro de las tiendas que tenían las portezuelas abiertas se veían caras sonrientes.
-Me pregunto qué habrán colgado en sus tiendas los búlgaros -dijo Hermione.
-Vamos a echar un vistazo -propuso Harry, señalando una gran área de tiendas que había en lo alto de la ladera, donde la brisa hacía ondear una bandera de Bulgaria, roja, verde y blanca.
En aquella parte las tiendas no estaban engalanadas con flora, pero en todas colgaba el mismo póster, que mostraba un rostro muy hosco de pobladas
cejas negras. La fotografía, por supuesto, se movía, pero lo único que hacía era parpadear y fruncir el entrecejo.
-Es Krum -explicó Ron en voz baja. -¿Quién? -preguntó Hermione.
-¡Krum! -repitió Ron-. ¡Viktor Krum, el buscador del equipo de Bulgaria!
--Es guapo-- dijo Hermione-- ¿de verdad es tan buen buscador?-- pregunto mirando a Krum.Harry sintió una oleada de celos el era mucho mejor que el y se lo demostraria a su Hermione.
¿Tu hermione?-- preguntó una vocecita un su cabaza
-- callate-- susurro Harry
-- ¿qué has dicho?-- pregunto Hermione
-- na-nada
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Rompiendo reglas 2
Fanfiction4 curso nos libramos de Cho pero de Ginny y el bulgaro no. Un resumen rapitito Harry sabe que es hijo de un merodeadores y hara bromas como se llama Harry James Potter Evans su objetivo es ........... Hermione sera acosada por cierto bulgaro cosa q...
