1. Propuestas mojadas

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*FLASHBACK* LA SEMANA DE ANTES DE LA FIESTA...

Albert se deslizaba por la escalera de la piscina con la sutileza y majestuosidad de quien es capitán del equipo de natación del instituto. Las ocho de la tarde. Hora en la que todos los martes y jueves terminaba su entrenamiento en la piscina municipal. Mientras se quitaba el gorro de látex, ojeó a través de las cristaleras cómo se jugaba un partido de baloncesto en la cancha. En ese instante, Pedro Sánchez marcaba un triple, acompañado del coro de grititos habitual,  proporcionado por su grupo de admiradoras (que eran un número considerable, todo hay que decirlo). Albert se despidió de sus compañeros con un gesto mientras observaba como desde lo lejos, una chica patilarga y con gafas de culo de vaso, se acercaba a él con una toalla naranja.

-Gracias Inés.- dijo Albert cogiendo la toalla y secándose el pelo con ella. Inés se sonrojó al sentir como su mano había rozado la del capitán. Sus mejillas tardaron medio segundo en volverse rojas al escuchar su nombre pronunciado desde los labios carnosos de Albert.

-De... de nada.- consiguió articular la chica. Albert le sonrió y continuó su camino hacia las duchas, dejando a Inés quieta en el sitio suspirando como una boba mientras le veía alejarse en dirección opuesta. Al llegar a los vestuarios y agarrar su mochila, Albert notó el pequeño bulto que ocupaba un rincón de uno de los bolsillos: la invitación de Mariano, el chico raro de la clase, seguía allí. Esta anunciaba una gran fiesta en casa de Mariano (la cual se quedaría libre de padres durante toda la noche) con motivo del fin de exámenes. "Seguro que es un muermo" dijo Albert, meneando la cabeza, como queriendo expulsar que se le hubiese podido pasar por la cabeza acudir. Cuando cogió el champú y una esponja (naranja, también) se coló en la única ducha que quedaba libre y encendió el agua caliente, sintiéndose de nuevo como en casa. 

Mientras se reconfortaba con las gotas de agua caliente resbalándose por todo su cuerpo, echó una ojeada a la ducha de al lado. Había un chico, más o menos de su edad, deshaciéndose una pequeña coleta y dejándose el pelo suelto, el cual le llegaba por los hombros. Albert no pudo evitar sonreír con ironía. Casualidades del destino...

-Vaya, Pablo Iglesias, sabía que eras un perroflauta de cuidado, pero ¿venir a ducharte a las piscinas municipales? Te superas a ti mismo.- dijo Albert, mientras se echaba champú y se frotaba la cabeza. Una risa sonó amortiguada desde la ducha contigua.

-No te quejes tanto, que por lo menos me estoy duchando,  ya es algo ¿No? Además, lo hago para ahorrar en casa, frase que la casta como tú no ha escuchado en la vida.-contestó el joven Pablo, pulsando el botón para que saliese el agua desde su alcachofa. Albert sonrió como un bobo: dijese lo que dijese Pablo siempre conseguía dar una contestación mejor. Como habitualmente solía suceder en los debates de clase, cuando la pareja se enzarzaba en una voraz lucha por demostrar quién argumentaba mejor su postura, más conocido como el "a ver quién puede mear más lejos". Siempre empezaban con buen talante, respetando el turno de voz del otro. Sin embargo, terminaban a grito pelao, y el profesor o profesora del momento tenía que subirse a una mesa a decirles que no se pusieran nerviosos. 

Pasaron un rato en silencio hasta que Albert decidió volver a romperlo por segunda vez.

-¿Cómo llevas el examen de la Guerra Fría?

Pablo asomó la cabeza entre la tabla de plástico que les separaba, mirando como Albert se quitaba el jabón de los ojos sin mucho éxito. Parecía un niño pequeño.

-Bien, aunque estudie lo que estudie siempre tengo la misma nota, así que...-se resignó el melenudo.

-Bueno, siempre puedes darle un meneo a la profesora, que falta le hace.

La fiesta de tu vidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora