Querido diario,
El otro día lo vi otra vez. Cada día está más guapo. Intenté acercarme a hablar con él para invitarlo a la fiesta pero se fue antes de que pudiera encontrarlo solo. Le he dejado una nota en el pupitre y espero que mañana lo encuentre. La fiesta no tendrá sentido si Jordi no viene.
Firmado: Mariano.
Susana se quedó helada. Nunca habría imaginado que al pobre paleto de Mariano pudiera gustarle nadie. Y menos Jordi. Ese chico iba a la clase del otro pero ahí acababan los parecidos. Jordi era amable, dulce y rojo (razón por la cual a Susana no le caía demasiado bien). Y Mariano era... Mariano.
-¡Susana! Haz algo -se quejó su amante que seguía en el suelo.
La aludida sacó el móvil de su bolsillo y llamó a su hermano para que los sacase de aquella fiesta para idiotas.
---------
Pablo correteaba detrás de Albert, quien le había quitado su vaso de absenta, sin dejar de reír.
-¡Devuélvemelo! -gritó el primero mientras se detenía. Ya empezaba a notar los estragos del alcohol en el cuerpo.
-¿Cómo se piden las cosas? -sonrió malévolamente el otro frenándose delante de Pablo y alzando el vaso para que el chico de la coleta no pudiera alcanzarlo.
-¿Puede mi pijo y neoliberal amigo devolverme mi puta absenta, por favor?
Albert enarcó una ceja y se rió en su cara.
-Ahora sí que no te la doy -y salió corriendo nuevamente.
Pablo galopó para alcanzarlo cuando pasó por delante de un balcón donde vio una sombra que conocía bien. Sin decirle nada a Albert, salió a ver al invitado solitario.
-¿Qué te pasa, Pedro? -Preguntó tras él, que no se giró a mirarlo.
-Déjame solo -advirtió el jugador de baloncesto tras darle una calada a su cigarrillo. Quiso parecer duro pero a Pablo no se le escapó el tono roto en su voz.
-Eh -dijo colocando una mano en su hombro para que se girase-. Puedes contarme lo que sea.
Pedro se giró entonces y Pablo vio que tenía los ojos rojos e hinchados de llorar.
-Susana me ha puesto los cuernos con el tío más gilipollas del instituto -soltó.
Pablo abrió mucho los ojos con sorpresa a la vez que murmuraba "Inda". Pedro asintió levemente y esperó a que Pablo añadiese algo. Pero él no dijo nada, en cambio se puso de puntillas y abrazó a Pedro en uno de sus famosos abrazos de oso. Los abrazos de Pablo cortaban la respiración, aunque si Pedro hubiera podido respirar habría averiguado que el chico olía a menta, suavizante de papaya y alcohol... A absenta.
La primera impresión de Pedro fue apartarse, pero en cambio, rodeó con los brazos a Pablo. Estaba dolido y necesitaba amor. Y Pablo era una fuente de amor, pensó antes de inclinar la cabeza y rozar con los labios la nariz del otro.
-¿Estás mejor? -Preguntó suavemente el chico de la coleta apartándose levemente.
Pedro asintió y dudó un momento (un momento que cubrió con una calada a su cigarrillo) antes de decir:
-Abrazas muy bien.
-Hay otras muchas cosas que hago muy bien -dijo Pablo con una sonrisa alentadora.
Pedro sonrió de medio lado y tiró la colilla. La pisó y, señalando el interior de la casa, dijo:
-A casita que hace frío.
---------
Albert se movía despistado por la enorme casa mientras buscaba a Pablo. Llegó a un pasillo con cientos de habitaciones y, tras decidirlo a "pito pito gorgorito" entró a una. Fue un error. Un enorme error. En el interior se encontró a un Íñigo sin camiseta que besaba apasionadamente a Alberto. El otro chico le correspondía intentando darle una mayor lentitud y cariño a los besos pero las mejillas coloradas de Íñigo y los movimientos torpes de sus manos desvelaban que se había pasado con la bebida como para andarse con rodeos.
Igual que había abierto la puerta, Albert la cerró, dando gracias por que los chicos no lo habían visto. Mientras andaba pasillo arriba se planteaba un problema: ¿cómo decir a Pablo lo que acababa de ver? No era ningún secreto para él ni para nadie que Alberto e Íñigo se gustaban desde tercero. Pero nunca ninguno de los dos había dado el paso... O eso creía Albert.
---------
Los besos de Pedro eran expertos, apasionados, rápidos, incitaban a la perdición. Pablo gimió en sus labios cuando el chico mordisqueó su labio inferior. Pablo quería más con Pedro... Lo quería todo con Pedro pero de repente, un pensamiento traicionero cruzó su mente. Puso una mano en el pecho del mayor y dijo:
-Me estás usando para olvidar a Susana -su tono era el que se usa para afirmar un hecho indudable. Algo que no te importa. Pablo era así. El amor y el sexo no tenían nada que ver.
Pedro se echó hacia atrás.
-¿Qué estás diciendo? A mí no me gusta la choni esa.
-¿Y por qué estabas con ella?
-Por follar -respondió Pedro sin dudar. Pedro conocía a Pablo y sabía que eso no le iba a molestar.
-¿Y por qué estabas llorando? -pinchó él.
-Porque, joder... con otro lo habría entendido, pero, ¿con Inda? Es feo, gilipollas y da asco. Mi reputación y mi autoestima a la mierda.
Pablo sonrió de medio lado y puso una mano sobre la nuca de Pedro, se acercó a él hasta que sus labios rozaban los del otro.
-Con lo primero poco puedo hacer. Pero de subirte la autoestima me encargo yo -dijo. Pedro se acercó para besar a Pablo pero este se echó hacia atrás rápidamente y antes de que Pedro se pudiese dar cuenta, estaba arrodillado frente a él y había bajado la cremallera de su vaquero.
-Espera -paró Pablo antes de bajar los pantalones a Pedro. Pedro estaba más que esperado mientras que el arrodillado buscaba las palabras adecuadas-. ¿Cómo era eso que decías? ¡Ah, sí! -sonrió de medio lado y mirando a Pedro desde su posición dijo-: A la cama.
Escrito por: Clara, @Garzoners_ / @OkiDiario
ESTÁS LEYENDO
La fiesta de tu vida
FanfictionOs presentamos el primer fanfic hecho por 9 personas del fandom político. La mecánica es la siguiente: cada una va a escribir un capítulo de la historia y a ver qué sale. No hay nada preparado, es todo improvisado y con el único objetivo de pasarlo...
