Capítulo 2: Presencia

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Esa noche terminé de cenar y me dirigí directamente a mi cuarto después de despedirme de todos. Tomé mi celular y hablé con mis amigas acerca de cómo era la nueva casa y cómo me sentía en ese lugar. El tiempo pasó, en un instante las voces de mis amigas dejaron de escucharse, se había perdido la comunicación. Como sabía que ya no podía seguir hablando, fui hacia mi armario, tomé unos pantalones para dormir, y regresé a mi cómoda cama.

Me habría despertado de golpe justo a las 3:00 am, no sabía el porqué de esto, simplemente sucedió. Por instinto me dirigí a la puerta del cuarto y asomé la cabeza para ver si había alguien en el pasillo o en la planta baja, pues desde mi cuarto se podía ver el final de las escaleras. La única luz que alumbraba el pasillo era la de la Luna; miré hacia la derecha y no había nadie, miré hacia la izquierda y tampoco había nadie, por lo que regresé a mi cuarto. Algo se sentía extraño, diferente, sentía algo que perturbaría hasta al más valiente, me sentía observada. El miedo me llenó el cuerpo y levanté las persianas del mirador, no había nada, por lo que las bajé. En un momento dejó de escucharse ruido alguno, estaba inmersa en un silencio mortal, pero un sonido rompió con ese silencio, una melodía entonada por una voz infantil y dulce, proveniente del pasillo. Me asusté y me lancé a la cama para cubrirme con las sábanas, quedando así hasta el amanecer.

Cuando aparecieron los primeros rayos de luz me sentí aliviada, salvada. Al poner los pies en el suelo y quedar en silencio pude escuchar que mis padres y mi hermano ya estaban desayunando, por lo que me cambié y bajé las escaleras rumbo al comedor. Estando en la mesa, conté lo ocurrido durante la madrugada a mis padres.

-Papá, mamá, ¿escucharon algo anoche?-dije algo insegura.

-No hija, ¿por qué lo preguntas?-dijo mi padre con extrañes.

-Lo que pasa es que a las 3:00 am más o menos escuché a alguien cantar.

-¡Bruno, te dijimos que no jugaras bromas a tu hermana!-dijo mi madre en dirección a mi hermano.

-No fui yo-dijo mi hermano.

-No fue él-interrumpí-era una voz femenina, parecía una niña.

-¿No es una broma de mal gusto Jazmín?-dijo mi padre.

-Sí papá, es una broma-dije.

Mi padre tenía razón, mi madre estaba enferma de la presión y una fuerte impresión podría causarle la muerte, así que decidí dejar todo en señal de broma.

Mi padre se fue a trabajar y mi mamá se quedó en la sala viendo la televisión, mi hermano jugaba en el patio trasero con Rex, nuestro perro, y yo estaba en mi habitación. Tomé un libro de Hermann Hesse y comencé a leer; mientras más me sumergía en la lectura, disminuía la percepción de mi alrededor.

De repente algo se escuchó, un golpe seco contra la pared. Salí de mi cuarto para ver qué había pasado, nadie más que yo estaba alarmada, por lo que deduje que sólo yo lo había escuchado. Se volvió a escuchar otro golpe, esta vez sobre en el techo, es decir, sobre el suelo del ático. No quería ir a revisar, estaba asustada, pero tuve que hacerlo, pues esos ruidos los pudiera haber hecho alguna persona. Desplegué las escaleras que conducían al ático y subí; aunque la luz solar abundaba en la habitación gracias a la ventana circular de una de las paredes, permanecían rincones oscuros en los cuales se podía esconder fácilmente una persona, un objeto, un animal, etc. Comencé a indagar por el lugar, al momento en que me acerqué a la ventana, un ruido estrepitoso se escuchó; un viejo CPU había caído desde lo alto de una estantería. Al acercarme, me di cuenta de que había caído sobre un gran baúl de color rojo, un baúl que nunca antes había visto.

Bajé para notificar a mi madre lo que había descubierto, pero no la encontré por ningún lado, sólo una nota sobre la mesa de centro de la sala que decía:

"Jazmín:

Supongo que te has quedado dormida debido a que te he estado llamando varias veces sin recibir respuesta. Tu hermano y yo salimos rumbo al supermercado. No te alarmes."

Eso me decepcionó un poco, pues ya no obtendría respuesta alguna. Subí al ático y moví el baúl hasta quedar en el centro de la habitación. Me di cuenta de que no tenía candados o seguro alguno, por lo que lo abrí.

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