CAPITULO 3

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Caminé hasta llegar a la puerta de la entrada.

Desde el interior de éste ya se escuchaba el retumbar de las canciones que yacían dentro de él, mi corazón empezó a brincar al ritmo de la música y mis pies no se podían controlar pues ya empezaban a moverse de un lado a otro sin que los pudiera poner quietos y que decir de mi cadera que se movía insistente de un lado a otro sin parar.

Me acerqué hasta donde estaba el guardia de seguridad custodiando el lugar.

— Hola Gary —saludé.

— Hola nena.

— ¿Otra vez por aquí?

— Sabes que cada noche me tendrás en éste lugar, ya te había dicho a lo que vengo —sonreí.

— Debes tener cuidado hermosa, eso que haces es muy arriesgado y peligroso.

— Lo sé, pero lo que pasó aquella noche, no se quedará sin hacer justicia, aunque sea por mi propia mano.

— Tú nada más dices a quién golpeamos y ya está —sonrió empuñando las manos.

— No te preocupes Gary, no tienes que mancharte las manos —lo palmeé por la espalda y le sonreí.

— ¿Me dejas pasar?

— Claro que sí —respondió, permitiéndome el paso a la luminosidad de neón que despedía el lugar.

Como cada noche recorrí el pasillo que está, de la puerta de la entrada hasta llegar al antro, caminé y al ir pasando me iba encontrando a chicos que se me quedaban mirando perplejos y atónitos — sonreí —y algunos a mi paso, les iba cerrando la boca, pues quedaban boquiabiertos al verme.

<< Cumplí mi cometido >>

Entre más caminaba, más me introducía en aquél lugar, la música sonaba cada vez más fuerte —al término del pasillo —se vislumbró frente a mí, una enorme sala llena de luces de colores, de neón y, sobre todo, llena de mesas y un espacio amplio para poder bailar, subí la vista y mis ojos encontraron el segundo piso que flotaba majestuoso — sin duda es mi lugar favorito —me repetí.

Caminé firmemente hacia la barra, cogí una de las sillas, y me senté en espera de que un chico se acercará a mí, y me invitará un trago para entrar en calor y así empezar una nueva caza de hombres guapos, seductores y sobre todo musculosos.

— Ja, para nada, busco sólo a un tipo de hombre —golpeé fuerte la barra, llamando la atención de los que estaban cerca de mí.

En mis ojos flameaba esa chispa de venganza y seducción, al mismo tiempo flotaba esa chispa de sed, deseo y sobre todo placer.

Ese placer que se siente al tener a un hombre entre tus brazos, ese placer que se siente cuando recorren tu piel y te hacen sentir única, te hacen sentir como una mujer verdadera.

Ese placer de saborear sus besos y sobre todo recorrer con tus labios su apetitosa piel.

Ese placer de deshacer y matar con tus propias manos, a esa persona, y sentir como corre su sangre por tus manos.

— Creo que últimamente veo demasiada televisión —sonreí.

Estaba por pedir un trago — aún no me decidía que pedir —cuando sentí que alguien estaba atrás de mí.

Quise voltear, pero el chico aquél ya se encontraba a un lado mío.

— Hola —saludaron.

— Hola —respondí el saludo.

— ¿Qué hace una mujer tan bella aquí sola?

— Esperando que un hombre guapo me invite un trago.

— ¿Me puedo sentar?

— Claro.

— Dos tragos, por favor —pidió al chico de la barra.

— ¿Y qué te trae por acá, cada noche? Te he visto ya en un par de ocasiones, cada noche te observo desde el segundo piso.

— ¿Enserio? —pregunté contrariada.

— ¿Y te gusta lo que ves?

— ¿Qué si me gusta? Me encanta, eres hermosa, parecida a una Diosa, que daría yo por tenerte a mi lado.

— ¿Qué estarías dispuesto a dar?

— Lo que tú me pidas, hermosa, todo pondría a tus pies, lo que tú quieras, lujos, detalles, joyas, viajes, no sé, lo que me pidas.

Solo sonreí, lo miré fijamente a los ojos y sin más, tomé mi bebida, le di un gran trago, y me levanté del asiento.

— Ahora regreso, le susurré en el oído —y me dirigí al baño.

Rumbo al baño iba analizando todo lo que aquél hombre me había dicho, estaba extasiada ante semejante ofrecimiento —no sabía si rechazarlo o aceptarlo —ser su mujer y disfrutar de cuánto tenia o simplemente abandonarlo y emprender la huida.

Entré al baño, me dirigí hacia el espejo, y di un retoque al maquillaje, limpié cuidadosamente el sudor que ya se asomaba en mi frente, delineé mis labios, me acomodé todo en su lugar, me rocié un poco de perfume y salí, iba segura de lo que haría y diría, simplemente le diría que sí, y sin más me entregaría a él y él me entregaría a cambio su fortuna y pondría todo a mis pies, mis ojos destellaron un brillo y una sonrisa curvó mis labios.

Me dirigí hacia la barra donde se encontraba aquél hombre, qué si bien no era nada feo, pero ya era un poco mayor — eso no me agradaba mucho —pero se le quitaba ese inconveniente con todo lo que me ofrecía, placeres, viajes, buena vida, a cambio de un poco de sexo asqueroso, bien valdría la pena soportarlo.

Estaba por llegar a la barra, y abrazar al hombre por la espalda, cuando escuché a lo lejos una voz que me dejó paralizada, no pude dar ni un paso, me detuve en seco y rápidamente giré mi cuerpo y mis ojos captaron en la inmensa oscuridad a Santiago.

EL ORIGEN DE LAS ALMAS: LOS GUARDIANESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora