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Alice estaba de vuelta en el supermercado donde había conocido a Ashton, con la misma camiseta de aquel día, y con el rostro sonriente de él en su dirección todo el tiempo mientras esperaba su turno.

—Hola —saludó él cuando por fin la tuvo cerca.

—Hola —Alice le imitó, divertida.

—La verdad es que no sé que me gusta más: si tu camiseta o tú —comentó, haciendo un gesto de confusión antes de soltar una leve carcajada.

Alice era consciente de que las personas que se encontraban detrás suyo en la cola debían estar enterándose de todo, pero la verdad era que le daba igual.

—Pues espero que yo —confesó, fingiendo tristeza.

Ashton rió al pasar la última cosa que le pertenecía a Alice.

—Deseo concedido —guiñó su ojo en su dirección de manera juguetona y ella no pudo evitar soltar una risotada también—. Mi turno acaba dentro de diez minutos, ¿me esperas?

—Todo el tiempo que haga falta —Alice asintió y le pasó el dinero, momento que él aprovechó para rozarle la mano suavemente, siendo lo único que podía hacer en aquel momento.

La señora que se encontraba detrás de ella hizo un ruidito que llamó la atención de ambos y, cuando se giró, pudo ver como aquella ancianita sonreía mirándolos a ambos.

—Sois tan tiernos; me recordáis a mi marido y a mi —confesó.

Alice pudo notar enseguida como la sonrisa de Ashton se ensanchaba y no estaba segura de si era por lo que había dicho aquella anciana o porque se había puesto roja.

De todos modos daba igual, lo importante era que él estaba sonriendo y a ella le encantaba verle feliz. Tan feliz como estuvo cuando los dos se montaron en su coche después de su turno, listos para escuchar a la banda que los había unido mientras conducían bajo los colores del atardecer de la ciudad.

Alice ➳ a.iWhere stories live. Discover now