Aeropuerto

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La espera se hace interminable. Llevaremos aqui media hora, pero bien parecen dos horas. Miro la cara de Alex, mi mejor amigo, y en ella no hay nada mas que impaciencia y espectación. Miro a su opuesto, Serge, con sus gafas de sol de cristales azules y su gorra de bisera plana. Apoyado en su maleta cansado de esperar pero completamente relajado. Cara y David estan sonriendose mutuamente. Son pareja, llevan juntos ya casi un año. Ambos son morenos y se quieren con locura. Corriendo y pasando por debajo de la cinta de la cola llega Marc de su larga excursión al baño.

- Esto no se ha movido un pelo - dice disgustado

- No protestes que tu al menos has andado algo - le responde Alex

Abren otro mostrador y la fila comienda a avanzar mas deprisa.
Veinte minutos despues ya habiamos facturado las maletas y nos dirigiamos a la puerta de embarque.

Primero el control de seguridad. Siempre me ha dado miedo que me pite. En realidad no hay razon alguna pero me pone muy nerviosa. Una vez me pararon la mochila en el escaner, y el vigilante me pregunto amablemente en español que llevaba dentro y le respondi en ingles que no le habia entendido.

Paso sin problemas el arco, a diferencia de Serge, que como siempre pasa se le olvida quitarse la gafas o alguna moneda que lleve en el bolsillo.

A la hora de volver a ponernos los cinturones decidimos intercambiarnoslos. Yo me pongo el de David, que con viñetas de comics dibujadas me parecia el mas bonito de todos.

Nos toca volver a esperar las piertas del avion. Alex me dijo una vez que le encantaba mirarme la cara en los aeropuertos, que parecia una niña pequeña a la que lo unico que le importa era volar en uno de esos trastos gigantes. Y no se aleja lo mas minimo de la realidad. Siempre me han encantado. En primaria queria ser piloto de mayor.

Miro a Alex, que efectivamente me mira de reojo cada dos por tres. Le saco la lengua y se rie.

Pronto estamos sentados en nuestros asientos. He conseguido la ventanilla a cambio de fregar durante tres dias los platos de Serge. Pero me merece la pena. Ver cómo despega el avion es uno de los mejores momentos del viaje.

Dos horas sentados en esos asientos esperando impacientes a llegar a nuestro destino

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Dos horas sentados en esos asientos esperando impacientes a llegar a nuestro destino.

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