QUERIDO JIN

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Querido Jin:

Hoy, después de más de cuatro años, te volví a ver.

Estabas parado en frente de unos ventanales, observando la ropa que tenían los maniquíes, y comentando con la persona a tu lado.

Yo te miraba intensamente, pero tú no te diste cuenta de que estaba a tan solo un metro de distancia.

Mi corazón comenzó a latir de manera tan rápida y desordenada, que temí que lo escucharas.

Finalmente, me obligué a seguir caminando y a dejar de mirarte, a pesar de que mis ojos deseaban seguir observando tu belleza.

¡Siento que la tristeza me invade de nuevo!

Hacía mucho que no pensaba en ti, y ya casi había conseguido olvidarte, pero todo se arruinó, tan solo con mirarte. ¡Tan solo con verte al pasar!

¿Recuerdas esa primera vez que nos encontramos?

Estoy seguro de que tú tampoco lo has olvidado. Y si, a pesar de todo lo que vivimos después, fue en esa primera mirada, que yo comprendí que solo podría amarte a ti.

Es extraño.

De pronto, los recuerdos me han agobiado y, desde ayer por la tarde, no he dejado de repasar en mi mente cada uno de los momentos vividos contigo.

Siento que en cada recuerdo, en cada memoria recibida, voy abriendo de nuevo mi corazón hacia ti. Y vuelvo a entregártelo completamente. Igual que hace cuatro años.

A veces pienso que, si mi hermano Nam Joon no te hubiera llevado esa tarde lluviosa a la casa, y yo no me hubiera quedado varado por la falta de vuelos a Japón, quizás jamás hubiera tenido la experiencia más importante de mi vida, y también... la más desgarradora.

Recuerdo perfectamente que me encontraba en la sala de la casa, jugando con mi celular, esperando a que llegaran mis padres con la cena, cuando de pronto Nam Joon y tú entraron mientras platicaban animadamente.

Tu mirada se posó inmediatamente sobre mí, y yo me enderecé en mi lugar, apenado de que me vieras tirado sobre el sillón, y con las piernas subidas sobre la mesa.

- Buenas tardes. – Me saludaste, con una sonrisa en tu bella boca, mientras me hacías una reverencia.

- B... buenas noches, hyung... digo... tardes. – Te dije, sin saber cómo contestar.

- Jungkook, siéntate bien y saluda correctamente. – Me corrigió Nam Joon, como siempre odioso y mandón.

Entonces, me levanté y te hice la reverencia que merecías. Tú solo seguías sonriendo, mirándome con ese brillo tan especial que tienen tus pupilas.

Yo estaba completamente rojo, sin poder desviar la vista de tu cara. ¡Eras el chico más guapo que había visto jamás! Y lo sigues siendo aún.

Cenamos, y platicamos divertidos. Bueno, más bien tú hablabas y yo solo podía responder estúpidamente, con monosílabos.

Esa noche, me costó mucho trabajo dormir, pues no podía olvidar tu sonrisa, tus palabras, tus gestos, pero sobre todo, la manera tan cálida en que me trataste. ¡Solo quería seguir pensando en ti!

Al día siguiente, cuando me tenía que ir a Japón finalmente, fuiste con Nam Joon a despedirme al aeropuerto.

- Cuídate mucho, Jungkook. Y no te olvides de estudiar mucho. –

- Lo haré hyung, te lo prometo. – Te ofrecí, con esa ingenuidad propia de un chico de quince años.

- Bueno, pues entonces... buen viaje, Kookie. – Me dijiste y con tu mano derecha, despeinaste mi cabello y yo sentí una emoción tan grande, que solo pude sonreír.

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