Bella
Uno de los peores días de mi vida había llegado. Reuní todas mis fuerzas para mantenerme firme a pesar de que mi corazón estaba destrozado. El miedo agitó mis entrañas y se me dificultaba respirar. No podía dejar de mirar la puerta con la tonta fantasía de que aún tenía oportunidad de escapar. No quería llegar al altar y verlo allí esperándome como si fuera la mujer de sus sueños.
Pero no importaba cuanto me negaba a enfrentar la realidad.
El resultado todavía sería el mismo.
Yo estaba atrapada con un monstruo que no amaba.
Y así sería por mucho tiempo.
—Respira, Bella.
Cassie anudó los últimos cordones del corsé y puso ambas manos en mis hombros mientras contemplábamos mi reflejo. El espejo mostraba todos los lados del vestido de novia excepto la espalda. Respiré entrecortadamente y le dediqué una sonrisa tensa.
—Te ves tan hermosa—musitó con dolor—. Él no merece ni un pedazo de ti.
No le había dado importancia a mi aspecto, pero Cassie tenía razón. Ella se había esmerado con el maquillaje y el peinado. El rubor resplandecía mis mejillas, mis ojos azules se veían más grandes, pestañas largas y espesas con labios carnosos y rosados. Mi cabello estaba rizado con ondas sueltas y la tiara en la coronilla.
La pieza más importante era el collar de diamantes que Aleksi me había regalado. Estaba aferrado a mi piel como un recordatorio de que pronto sería nada más que una propiedad. Me tragué las lágrimas y forcé una sonrisa. Le hice una promesa de que no pelearía. Al menos no por hoy.
—Gracias por estar aquí —Le dije a Cassie —. Gracias por ser mi familia.
Cassie luchó para no echarse a llorar al oír mis palabras. Nos reímos nerviosamente en un pobre intento de ignorar que este día era mi boda sin ninguna elección. Sería una mujer casada a los diecinueve años.
—Siempre me tendrás, Bella. Nadie nos va a separar.
Le di un abrazo afectuoso antes de que la puerta se abriera de golpe y entrara Aleksi. Lo miré en shock mientras se recostaba casualmente contra el marco con las manos en los bolsillos de su traje negro. Sus ojos brillaron mientras examinaba cada parte de mi cuerpo, fijándose en mi dedo anular donde el anillo de zafiro resaltaba antes de que su mirada se encontrara con la mía.
—¿Qué demonios haces aquí? —gritó Cassie—. ¡No puedes verla aún! ¡Es de mala suerte mirar a la novia antes de tiempo!
Aleksi la ignoró completamente y se centró en mí.
—Solo quería asegurarme de que mi pajarito estuviera tranquila.
Cassie apretó los puños a punto de perder los estribos e intervine antes de que cometiera un homicidio.
—Estaré bien—Le aseguré—. Te veo luego.
Me observó con dudas en sus ojos y frunció el ceño.
—¿Segura? —preguntó.
Forcé otra sonrisa.
—Aleksi es el más interesado en llevarme al altar en una sola pieza. No me lastimará.
Asintió y avanzó hacia la puerta, pero antes le habló al ruso con veneno:
—Disfruta tu boda, imbécil. No significa que tendrás un final feliz con ella. No la mereces.
Entonces salió sin decir nada más y cerró con un portazo. Aleksi hizo caso omiso de mi mejor amiga como si la única que importara en la habitación era yo. Empezó a acercarse y me alejé hasta que mi cadera chocó contra el tocador. Él sonrió. Me pregunté si disfrutaba este juego absurdo entre nosotros: la caza, la persecución.
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Cautivos [En Librerías]
Fiction GénéraleEsto no es un cuento de hadas. Es una pesadilla. Obra registrada. Prohibida su copia o adaptación. Código de Registro: 1709303636679
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