Mi Querida Amiga

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Y juro que te amaré por siempre, o, como solemos decir: Hasta que el olvido nos separe.
Y será así, de uno u otro modo somos lo que somos y estamos donde estamos, jamás olvidaré esos momentos a tu lado, y, aunque mi memoria sea mala jamás te olvidaré.
Y no será así por el simple hecho de que ya tienes un pedazo de mi corazón contigo en todo momento. Y cuando eso sucede no existe tormenta que se lleve el recuerdo ni persona que lo sustituya.
Eres irreemplazable y única.
A tu estilo y tu manera me llegaste a enamorar.
De ese modo en que sabes que es la mujer que has idealizado, pero que por cosas del destino no es ella quien debe ser. Tal vez existimos para ser un gran complemento el uno del otro, y aunque puedan o no las cosas cambiar, en estos momentos no me importa, y no me importa porque somos justo lo que queremos ser, justo lo que necesitamos ser.
Y agradezco al cosmos y a las matemáticas haberte conocido.

Existe más de una razón de porque te amo, y enumerarlas todas seria irónico ya que solo es necesario pensar en lo que has hecho por mi y en la persona tan importante que te convertiste para mi.
Pero, como siempre tiendo a pensar, no se si realmente merezca tu amor, merecerlo del modo en que ya me has elegido y yo a ti. Tu eres más que eso, importante para mi y te necesito conmigo, no se en que modo y no me importa mucho en este momento, y sonará horrible, pero se que si te necesito ahí estarás e igualmente aquí estoy yo para ti.
O si no, para que son los amigos del alma.

Y el choque de miradas, el roce de nuestra manos y el sentimiento que nos desbordan pero que contenemos es aquello por lo cual me asusta perderte, aunque es tan simple pero más complicado que eso, puedo decirte que necesito de ti, con la simpleza de oír mis quejas abrumadoramente estúpidas, bobas y hasta incoherentes, hasta mis locuras más raras, mis felicidades y orgullos más grandes.

Para el momento que leas esto no se si entiendas del todo lo que te diré, pero bueno. El caso es que me siento en parte como Francis desde un sentido literal hasta metafórico, con la respuesta en la punta de la lengua, tan evidente y obvia como siempre lo ha sido, pero tan esquiva por el hecho de que aún no la he reconocido.
Te amo, y mucho.

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