Dicen que en un pueblo chico hay un infierno grande, pero hoy no había ningún demonio. La ciudad escasa sin movimiento a tan tempranas horas de la madrugada, era... aburrida, si, no había mucho que ver, era silenciosa, y en ese momento solo se escuchaba mis pasos tambaleantes que se deslizaban por la vereda con gran esfuerzo. El alcohol, un vicio que me controla, me sedujo esta misma noche, dejándome en mis condiciones que me impedían caminar, pero hacían parecer un chiste a quien estuviera observando, dio la casualidad de que no había nadie.
Desorientado, caminando, recordando solo imágenes de lo que paso, me causaba risa, sí risa, eran los efectos de estar tan borracho. Cuando salgo prefiero salir a lo grande, es mejor que valga. Mis amigos me dejaron se fueron en peor estado que yo a casa, y la prostituta con la que pase la noche, sabía que no se quedaría y ustedes imaginan donde estará.
Yo era esclavo de los vicios, el placer me hacia su rehén. No digo que estuviera orgulloso, pero no me arrepentía. Frecuentar bares y a prostitutas, ¿se podría considerar algo normal en este tiempo?, yo digo que sí.
Esa era mi vida, como quien dice descarrilada, pero siempre sentí que podía cambiar, solo tenía que esperar. Y el problema en esperar está en que no sabía lo que esperaba. Desde que era chico hasta que cumplí los 25 años (mi edad actual, aunque me veo de 23) siempre sentí eso que no sé qué es, pero que aun así lo necesitaba.
Me cambie el nombre y el apellido cuando cumplí los 18, no me enorgullecía ser hijo de un padre al que mandaron a la cárcel por intento de homicidio, se mató dos años después, encerrado y miserable. Mi madre, ella fue una gran madre, era como las otras madres pero a la vez era diferente, no sé si se entiende... Me dolió cambiarme el nombre, era lo único que conservaba de ella después de que falleció por leucemia. En fin, elegí Francisco Calles, no sé porque, creo que había un rey llamado así, y el apellido por... No sé, es el más fácil que se me ocurrió.
Bueno, estaba caminado borracho, solo, y a pocas horas antes de que saliera el sol.
Primero se escuchó como un ruido lejano, a la distancia, luego parecía un zumbido en mi cabeza, como pude hice el esfuerzo para mantenerme sobrio por unos minutos. Entonces lo oí, era el grito de una mujer. Ese grito cortado, desesperado y lejano, me heló la sangre. Mire para todos lados como pude, intentando no caerme, no distinguí nada. Pensé, es por la borrachera, después considere seguir caminando, pero no, corrí, sí corrí, no sabía para dónde, solo sé que escuchaba el grito cada vez más cercano a mí. Parecía que mi estado de ebriedad había disminuido considerablemente. Tal vez lo que vi lo produjo, o tal vez lo que no vi.
Llegué a la mujer gritando, estaba en el umbral de su casa, no había nadie en esa calle, los vecinos parecían no haberla oído, no lo sé, pero sus manos temblaban, y lloraba sin cese alguno. Yo estaba parado cruzando la calle, solo observando, era una señora ya casi mayor, a la que le había pasado algo, ¿qué? No sé, pero cuando levantó la cabeza y me vio, me empezó a gritar.
-¡Ayúdame! ¡Ayúdame! - parecía aterrada.
Cruce la calle, la sostuve cuando parecía caerse al piso, mis palabras con miedo preguntaron.
-Señora, ¿Qué le pasó está bien?- No me contesto, solo lloraba - Cálmese, cálmese- le dije.
-¡Ayúdame! - entró en su casa corriendo apurada y me hizo señas para que la siguiera. Llegó a lo que parecía una habitación, en el suelo, había tirada una joven, la mujer se acercó a ella.
-No sé qué le pasa la encontré así, es mi hija- me dijo llorando.
Me acerque a la joven, estaba tirada en el suelo, parecía desmayada, tomé su pulso, era débil pero tenía, cuando abrí sus ojos estaban amarillos, le di mi celular a la señora.

ESTÁS LEYENDO
Francisco
Short StoryÉl casi no tenia vida, y lo poco que tenia poco le importaba. Cuando conoció a ella, supo lo que es vivir... ¿Qué tanto puede soportar un amor...?