Capitulo 4 - Llorando de miedo

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—no..—murmuro la rubia observando el cuerpo de su primo sin vida—Sergio no puede estar muerto.

—Gwen—hablo Mike—es mejor que nos vayamos de aquí.

La muchacha llevó la vista hasta el pelinegro y negó con la cabeza, sus ojos estaban rojos, quería llorar pero tenía que tranquilizarse, no lloraría frente a Mike.

Aunque no tenía de malo no le gustaba que la vieran llorar, la muchacha era muy reservada cuando de dolor se trataba.

—pero ¿y Sergio?

—Gwen, están pasando cosas muy extrañas. Ya perdimos a Hector, después a Betty y ahora a Sergio, no podemos seguir aquí. Tenemos que encontrar la manera de regresar a casa y llamar a la policía.

—no, yo...—la muchacha miró el cuerpo de Sergio y sintió como sus dedos eran entrelazados con los de alguien.

Observó a Mike quien con solo la mirada rogaba por irse, sus manos estaban unidas y sus dedos entrelazados. La muchacha lo dudo por algunos segundos.

Quería irse pero no quería dejar a Sergio ahí. Aunque ya no había nada que pudiera hacerse por el muchacho ni por sus compañeros, lo mejor que podía hacer era irse. Necesitaba irse con Mike, ambos debían regresar a casa o buscar ayuda.

La muchacha apretó la mano del muchacho y asintió, ambos comenzaron a correr sin soltarse hasta llegar a la puerta de la cabaña, salieron y corrieron por entre los arboles.

Ambos tenían miedo pero no podían detenerse, los ruidos que escuchaban los hacían correr mas apresuradamente. No pensaban detenerse por ningún motivo.

Corrieron por aproximadamente media hora hasta que ambos se cansaron y cayeron al suelo rendidos, tenían sed, un poco de calor gracias al sudor que se acumulo en ellos al correr y la garganta les ardía por el frío que no lograban sentir en ese instante.

—necesitamos descansar—susurro la muchacha.

—tenemos que irnos.

—no veo nada, esta oscuro aquí afuera.

¿Que podían hacer? Eran las dos de la madrugada y sus celulares no tenían pila, Mike había dejado caer la lámpara mientras corrían y no tenían manera de ver lo que había a su alrededor, apenas y podían distinguir los árboles que estaban cerca de ellos.

—Gwen—la muchacha asintió—¿que crees que pasó?

—¿de que hablas?—pregunto sin entender a que se refería.

—¿que crees que paso con ellos? ¿Como fue que murieron?

—ellos no murieron, alguien los asesinó.

La muchacha estaba totalmente convencida de que alguien había asesinado a sus compañeros.

Mike se encontraba desorientado ante la respuesta de su compañera, ¿por que era tan negativa? ¿Por que lo decía de esa manera?

Algo dentro de Mike lo hacia confundirse por el comportamiento de Gwen.

Gwen no era una chica a la cual molestaran con facilidad, de hecho no se llevaba con casi nadie. Algunas veces Mike la había visto conversar con dos compañeros y su primo Sergio, no era una persona muy social y ese día no se le veía muy convencida de querer trabajar con los chicos.

Mientras buscaban el campamento— del cual no supieron nada —cruzo algunas palabras con Hector. Todo era tan raro.

La joven había discutido con Hector y poco tiempo después el fue asesinado y la muchacha había sido la ultima persona en hablar con el antes de que Sergio lo encontrará muerto. Y Betty y ella habían discutido, ambas salieron y el cuerpo de Betty fue encontrado sin vida.

Había lógica en todo eso.

Pero ¿que había con Sergio? El era su primo y eran muy unidos. La joven no podía ser capaz.. ¿O si?

¿Y si lo había hecho por que sabía que pronto Sergio descubriría la verdad y no habría forma de escapar? Si. Eso tenia que ser, Gwen los había matado y para que nadie sospechara acabó con su propio primo para verse como la buena del cuento.

—¿por que estas tan segura de eso?—cuestionó Mike—entonces es verdad,—afirmó—mataste a Hector, Betty y Sergio.

—¿que?—la muchacha se puso de pie ante tal acusacion. 

—tu los mataste, querías deshacerte de ellos—dio algunos pasos en reversa—lo sabía, los mataste a todos.

—¿de que estas hablando? Yo no mate a nadie, no puedo creer que me sigas culpando de algo tan injusto que ni siquiera hice.

El muchacho se pegó con una rama y rápidamente la arranco mientras seguía retrocediendo para alejarse de la muchacha.

—no dejare que también me mates, primero regresare a casa y llamare a la policía.

—Mike, estas diciendo estupideces...

El muchacho soltó la rama y miró a la muchacha quien comenzaba a acercarse a el.

—no puedo hacerte daño pero tampoco permitiere que me mates, yo no seré tu víctima

Y sin decir ni una sola palabra mas el muchacho se echó a correr dejando atrás a la rubia quien intento seguirlo pero rápidamente lo perdió de vista.

—Mike..—susurro la muchacha—yo no lo hice—una lágrima resbalo por su mejilla y se dejo caer al suelo.

Ella era inocente. También tenía miedo y las dudas la carcomían, quería saber quien era el asesino por que ella estaba muy segura de que alguien había matado a sus compañeros. Pero ¿quien?

Aunque estuviera desesperada no culparía a quien se le pusiera en frente.

Ya era muy tarde, ya estaba sola, en la noche, en medio de la nada.

La muchacha lloraba inconsolablemente de tanto miedo que sentía. Acababa de quedarse sola y no sabía que hacer mas que llorar. Por que así era, la muchacha estaba llorando de miedo.

—no puedo más—susurro para si misma—¡Ya no puedo más! ¡Ayuda!

La rubia podía gritar todo lo que quisiera al final de cuentas nadie la escucharía.

Por otro lado Mike dejo de correr para comenzar a caminar, se recargó en un árbol y respiró profundamente.

Sintió los pasos de alguien acercándose, se giró bruscamente pero no vio nada. Fruncio el ceño, escuchó algunas hojas crujir, nuevamente se giró pero no vio nada.

—Mike—su voz era gruesa y fuerte.

El muchacho desconocía esa voz, sintió la respiración de alguien a sus espaldas, se giró bruscamente pero no encontró nada, el miedo volvió a el y sintió algo helado en su nuca, apenas intento hablar cuando las manos que se cubrían con guantes negros apretaron el gatillo. La bala atravesó su nuca e inmediatamente cayó al suelo.

No se distinguía nada por la oscuridad, las manos apretaron una vez mas el gatillo y otra bala fue para la cabeza del muchacho, una más en la espalda y una mas en el brazo.

Las hojas volvieron a crujir y los pasos alejándose era lo único que se podía sentir.

Mike corrió con la misma suerte que sus compañeros.

Asechanza Del MalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora