Capítulo 2

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Estábamos a tan solo una hora del puerto y yo notaba como mis nervios se enriquecían, mi corazón no paraba de palpitar,  parecía que cuanto más nos acercábamos a aquél dichoso barco mis pulsaciones subían y creí por un momento que el corazón salía de mi pecho. Por mi ventana podía observar una gran y extensa carretera, la cual, parecía no terminar.

Cuándo estábamos llegando al muelle   mis músculos se relajaron y mi ritmo cardíaco se estabilizó. Aquel paisaje era espectacular, las gaviotas volaban alrededor de nosotros, habían barcos y yates gigantescos y en el cielo se podía observar un hermoso atardecer.  El chófer anunció que nos quedaban tan solo cinco minutos de trayecto. Aquella noticia hizo que mis nervios volvieran, pero esta vez habían incrementado.

Chace me tocó el hombro y me dijo:  –Oye Juno, se nota por tu cara que estás nerviosa, alegra esa cara mujer, que lo vamos a pasar muy bien–me dijo sonriente.

- No es que esté nerviosa, es que me da miedo esta situación. El ticket del sorteo que nos dieron a todos no tenía nada escrito, no hicimos un sorteo ni nada, ¿como sabían nuestro nombre y dirección? No se Chace, a mi esto me huele a chamusquina– le dije perpleja y con voz temblorosa.

Chace me miró y se puso a reflexionar algo, supongo que estaba pensando que contestarme a aquello. - Juno no pienses nada malo, disfruta del momento, no todo el mundo puede decir que ha ido en un barco gigante y en primera clase- sonrió y se puso a mirar por la ventana.

Aquello que dijo no me tranquilizó en absoluto, pero asentí con la cabeza y me puse a pensar en otra cosa.

Mientras yo estaba en mi mundo, el chófer anunció que ya habíamos llegado y en ese entonces, un mal presentimiento recorrió todo mi cuerpo. Ese dichoso mal presentimiento otra vez, ese que me hacía no querer subir a aquel navío. Pero, si anteriormente no me habían hecho que volviera a casa, era por algo. Por alguna razón tenía que subir a aquél barco.

El chófer bajó del coche y se dirigió hacia el maletero, supongo que para bajar nuestro equipaje.
Un grupo de chicos apareció derrepente, todos vestían iguales, así que supuse que eran trabajadores del barco. Estos dijeron que eran los encargados de subir nuestras maletas y dejarlas en nuestras suits. Mientras subían nuestro equipaje, Chace se acercó hacia mi.

Chace abrió la boca con una sonrisa y me dijo: -Sabes que no tienes por que preocuparte, yo estoy aquí y no te va a pasar nada- levantó el dedo pulgar y me guiño un ojo.

Me quedé un rato callada y le contesté con el ceño fruncido: -Tranquilo, ya he asimilado que tengo que subir a este barco. Lo único que me preocupa ahora es el gilipollas que me pegó un bofetón.- Él rió y me dió una palmadita en la espalda, después nos quedamos en silencio.

 El personal nos indicó que ya podíamos subir al barco y así hicimos, todos subimos.
Durante el trayecto ninguno dijo nada, e incluso, ya dentro del barco. Solo nos dedicamos a mirar a nuestro alrededor.
Aquel barco era gigante y muy lujoso, si no me equivocaba podría tener perfectamente más de 400 habitaciones. Su comedor tenía más de 40 mesas gigantes, lámparas de cristal, alfombra de terciopelo, una escalera de madera de roble... Todo aquello era magnífico y a la vez misterioso.

pero los dos presentíamos que aquél puerto no era normal no había ni un alma, estaba desierto, no había nadie, pero ya que era tarde, supusimos que los pescadores se habían ido a descansar, un ligero sonido hizo sacarnos de nuestra pequeña investigación. Aquél barco de grandes dimensiones, que por fuera parecía hecho polvo, por dentro parecía lo contrarío, lámparas de cristal gigantes, habitaciones tan grandes como una casa. A mí me había tocado la más grande de todas, el problema es que dormía al lado del gilipollas. bajé a bajo a por mi equipaje, y para mi suerte, él estaba allí, al pasar yo por su lado, el me dio un fuerte empujón que provocó  que todas mis cosas salieran por los aires, él con la cara más falsa de sorprendido, se giró para ayudarme con mi equipaje y disculparse de lo que había hecho, recogiendo, nuestras manos se juntaron y yo aparté la mía tan rápido como pude.

-Una pregunta ¿cómo te llamas?- preguntó él guiñándome un ojo, con lo cual, yo respondí.

-¿ y tú?-

-Te lo he preguntado yo primero preciosa- dijo con una sonrisa estelar.

-¿Porqué tengo que decir mi nombre a alguien que me agredió?- le dije con una sonrisa más falsa que él.

-Me gusta tu prepotencia, te llamaré tigresa- me dedicó una gran sonrisa, la cual me daba más ganas de matarlo.

-Si vamos a jugar a esto, yo te llamaré gilipollas, ¿te parece bien?-

-Me parece bien- respondió

-Bien, porqué si no te hubiera gustado, te lo hubiera llamado igual- nada más acabé la última frase, me di media vuelta y me dirigí hacia mi cuarto. A las 20:30 sería la cena, la cual comenzaría dentro de tres horas, así que ordené mis cosas y me dispuse a dormir hasta las 20. Me desperté antes de lo previsto así que me comencé a arreglar. Me puse un vestido de noche negro que dejaba a la vista mis grandes senos, además era bastante corto y apretado. Los demás no iban tan arreglados, por eso me sentía bastante incómoda. Nada más entré las únicas personas que estaban presentes eran Chace, el gilipollas y la chica de pelo rosado, nada más me vieron recibí silbidos y piropos, los cuales me hicieron que me sonrojase

-Siéntate a mi lado tigresa, así también puedes estar al lado de Chace- me dijo con voz firme.

-Me siento a tu lado por que es el único espacio libre al lado de Chace, no te hagas ilusiones- cuando me senté, a él se le iluminó la cara. Cuando terminamos de cenar todos nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones, me cambié el vestido y me puse unos pantalones cortos y una camiseta normal, cuando estaba a punto de dormirme, comenzaron a sonar puñetazos y una canción de rock, bajita pero desde mi habitación se podía escuchar, me levanté hecha una furia y toqué a la habitación 51, la cual se abrió nada más fui a golpear, estaba el gilipollas cuyo nombre desconocía, parecía no haberse dado cuenta de mi entrada, ya que seguía golpeando el  saco de boxeo que estaba enfrente suya, me dirigí hacia el reproductor de música y lo desenchufé de la luz.

-Oye, que lo estaba escuchando- me dijo con voz de crio.

-Es la una de la mañana, señorito gilipollas, ya podrías de bajar el puto volumen de tu mierda de música y dejar el boxeo para mañana, que algunos quieren dormir- dije con la mejor voz de enfadada que pude hacer.

-Vale vale tigresa, no te pongas así conmigo, es lo que hago siempre-.

-Pero aquí no puedes hacer lo que te parezca- le eché una mirada y se le notaba su perfecto pecho tonificado, en una de mis rápidas miradas a su pecho, se dio cuenta y hecho una carcajada

-Hacemos un trato, si me das un abrazo, dejo de darte por culo hoy- 

-Ni de coña, más quisieras tú, so gilipollas- dije riéndome.

-Bueno, tú lo has querido- se fue hacia el reproductor de música, pero le detuve antes de que volviera a conectarlo.

-Está bien, pero ni uno más- le di un abrazo rápido y me fui de allí.

NAUFRAGIO 103Donde viven las historias. Descúbrelo ahora