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JeongMin


Sus hoyuelos se marcaban en sus delgados mofletes mientras sus falanges parecían acariciar las frutillas agridulces que rozaba con el cuchillo para que saliesen delgadas rodajas. Por cuarta vez desde que comenzó a rebanar la fruta robé una rodaja llevándola a los labios, ganándome un manotazo de su parte -No a tal extremo de hacerme daño- y una sonrisa juguetona.


HyunSeong en el tema de la comida era todo un chef profesional, tanto en la higiene como en sabor y apariencia de los platillos por muy sencillos que fuesen y que metieran mano al momento del proceso era algo que a él no le gustaba para nada, yo..., Bueno. Es un caso especial, ya que con el tiempo el se dió cuenta de que yo tenía esa pequeña maña y no tenía intención de dejarla.

Regresé a mi lugar dando un brinco a la barra para tener la mejor visión nuevamente y HyunSeong al darse cuenta de mi pequeño juego se inclinó dándome una hermosa vista de su trasero firme ocultó bajo esos jeans negros y un poco por el nudo del delantal..

—¿Te he dicho.... cuanto me gusta tu culo? —Solté juguetón.

Detuvo sus movimientos justo para pasar la frutilla al tazón en la mesa con seriedad. Inmediatamente me entró el pánico y presione mis muñecas en el borde. Observé cómo nuevamente se giraba esta vez abriendo el grifo enjuagando sus manos.

—Siempre que camino en ropa interior o algunas veces cuando hacemos el amor —Soltó.

Toda la angustia fue reemplazada de inmediato por una atmósfera caliente ante sus palabras, la sonrisa y su acción de quitarse el delantal lentamente.

Mis cuerpo comenzó a temblar ante su mirada seductora, recorriendome de pies a cabeza, desnudandome con la mirada. Clavé los dedos en el borde de mi camisa tirando de ella sin perder de vista los ojos que seguían cada uno de mis movimientos mientras poco a poco se acercaba a mí.

Sus falanges viajaron a través de mis muslos y sus labios desde mis clavículas hasta mí barbilla, dejando tenues roses seductores sintiéndose caliente. Mis manos en cambio viajaron debajo de su camisa a sus firmes músculos, tan duro, tan suave, tan perfecto, permitiendome perderme en un paraíso que era solo mío.

Arranqué la prenda.

Envolví los brazos alrededor de su ancha espalda aferrándome a la misma mientras sentía los latidos de mi corazón desenfrenado aumentar por los besos en mi cuello, soltando gemidos cada que mordía mi piel.
Mis travesuras salieron a flote, mi mano descendió entre nuestros cuerpos llegando a su erección oculta por los pantalones comenzando a presionar sobre la tela negra haciéndolo gruñir y morderme.

—Tan bueno...

Sonreí satisfecho levantando su rostro entre mis manos solo para estampar mis labios contra los suyos con un beso caliente, demandante, mientras una de mis manos se aferraba a sus omóplatos y la otra jugueteaba con la entrepierna palpitante de Seong. Claro que él también me torturaba ahora acariciando mis pezones con alguno de sus dedos mandando corriente tras corriente.

-¿A la muerda el trabajo de hoy?

Sus labios acariciaron un punto débil debajo de mi cuello. Una sonrisa soncarrona se dibujó en su rostro y yo sólo pude disfrutar más de él. Posiblemente ambos entrábamos en problemas  pero por un día no pasaba absolutamente nada..

-A la mierda el trabajo por hoy- Gruñí al sentir sus manos juguetones por aquí y por allá.

La sonrisa que mis ojos pudieron apreciar después de eso sólo fue una anticipación de lo que se avecinaba porque a los segundos de terminar con aquella mirada me levanto con nada de suavidad devorando mis labios con furia. Me pegó a su cuerpo lo bastante como para sentir su erección contra la mía. Sus manos tomaron las mías mientras era empujado hacía algún lugar de mi sala.

Prohibido [SeongJeong]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora