El ser humano busca huir de todos los revuelos que su mente pueda imaginar. Busca esconder sus miedos en algún vicio que lo controle de sus cinco sentidos, incluso del sexto que estará por descubrir.
Es la vida de Gabrielle Woodward, incentivadora de hundir en la adicción del alcohol a todos los clientes nocturnos que ingresan al bar. Siempre ha mencionado en sus conversaciones amistosas que está cansada de su trabajo pero es lo único que le ha dado abasto para mantener el pago de sus estudios de fotografía en la Universidad de Londres.
Voces masculinas invaden sus oídos todas las noches, además de ser mesera, se ha incluido una nueva labor, escuchar las historias que narra cada uno de sus clientes. Con tan solo veinte años, no tiene la noción exacta para dar consejos de la vida marital, no le importa las relaciones amorosas, aquellas no están anotadas en la lista de cosas por hacer, el amor no es una prioridad hasta que un día, un joven conocido de la universidad se instala en la mesa del bar pidiendo específicamente un “Ryans” licor irlandés elaborado a partir de whiskey y crema de leche, asegurando que desvanecería su memoria. Quería suprimir cada rincón de sus pensamientos. Gabrielle, una vez más obedece la exigencia del cliente, va en busca de la peculiar bebida con incertidumbre, no es la típica mujer que quiere estar al tanto de los chismes pero a este chico en especial, es quién llamaba un poco de su atención. Solo por miradas de pasillo, ella no mantiene ni una cercanía, incluso no han cruzado jamás unas palabras. A su vuelta, se percata que el joven se había marchado dejando una nota sobre un papel arrugado en conjunto con dinero; “Mañana volveré, lo siento. El dinero es por el Ryans. HS”
Ella por más que intentaba asimilar la situación, no se dará por enterada de las razones hasta que él mismo Harry Styles vuelva al bar con intenciones de capturar su absoluto deseo animal.
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Al límite del fuego.
Fanfiction"Probé muchas cosas en la vida, intentando buscar emociones que pudieran sacarme de una rutina que me estaba asfixiando. Y ciertamente viví con emoción, pero también aprendí que no se puede dar marcha atrás. Nunca fui verdaderamente consciente de qu...