Nos etiquetamos y cuestionamos diariamente.
No damos lo que debemos dar.
Lloramos y reímos de nuestros fracasos porque creemos ser incapaces de sobresalir.
Ya no hacemos nada por el gusto de hacerlo.
Ya no somos suficiente para los demás.
No podemos complacerlos a todos, mucho menos a nosotros mismos.
Vivimos atados a las voluntades de los que nos rodean.
Ya no hay opinión propia sin antes ser juzgado.
No tenemos control sobre nosotros.
Ya no se aprecia los pequeños detalles.
Nos creemos que somos de hierro cuando en realidad nos rompen el corazón como si fuera papel barato.
Las palabras se han vuelto cuchillos.
Ya no somos niños, somos adolescentes que buscan encajar en una sociedad que da pena.
Soñamos con escapar sin tener el valor para poder volar.
Vivimos encerrado en las jaulas de nuestros miedos.
Llamamos normal a lo que otros hacen sabiendo que son errores.
Los "te quiero" se dicen por obligación, no por sentimiento.
Ya no hay disculpa que valga ni diversión verdadera.
La gente utiliza mascaras para poder ser aceptados o para hacer daño y sinceramente, ya no sé qué es peor.
Lloramos sin llorar.
Amamos sin amar.
Reímos sin reír.
Vivimos sin vivir.
Morimos sin morir.
Respiramos sin respirar.
Y todo esto... lo hacemos por costumbre.
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Algo llamado pensamiento.
PuisiMi mejor manera de transmitir lo que siento y desahogarme desde que tengo uso de razón ha sido escribiendo. De alguna manera todo esto forma parte de mi vida, de mí y esta "historia" no trata sobre una princesa que conoce al príncipe azul y son feli...