camino

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06/11/2018

No quería moverme de donde me encontraba, ese lugar me traía la paz que no tuve en el infierno.

En esos momentos de tranquilidad solo captaba la felicidad palpable del lugar, un habiente de completa alegría, con el cielo mostrando su sonrisa hacia las pequeñas criaturas que jugaban, ajenas a todos los demonios a su alrededor.

Tuve la oportunidad de visualizarme en una hermosa familia, o al menos con una pequeña compañía con la que compartir mi paz, ser como esas criaturas sonrientes y solo jugar sin preocupaciones.

Mis pensamientos se vieron en interrupción por el dolor reflejado en los ojos de una pequeña bola de pelos que suplicaba por ser alejada de los demonios que lo quemaban con sus golpes llenos de fuego de las tinieblas en las que se regocijan en sufrimiento ajeno.

Este pequeño, no pertenecía aquí, en su mirada pude ver que pertenecía a lo más puro del cielo a pesar de no tener una marca que mostrara lo contrario.

Esa pequeña criatura escucho mis deseos y penas, me acompaño al descargar el dolor acumulado en mis hombros y tragó el que salía de mis ojos.

Un ser de luz jamás será capaz de estar en la oscuridad sin compañía. Estar solo nos hace encerrarnos en nosotros mismos y encontrar nuestras desgracias, y liberar a nuestros demonios. aislarnos, nuestro corazón no soporta la oscuridad en la que se funde la conciencia que viene a demás manchada de soledad, y el vasio que deje la soledad, puede dejarnos locos, al entrar en la búsqueda de algo que llene el vacío de nuestro pecho, y no siempre lo llenamos con lo que es correcto

Mi locura está cerca, y la tuya también se asoma en tus ojos, mi luz no será capaz de asustarla, pero mi abrazo estará contigo hasta que tus ojos no puedan abrirse.

Diario de una callejera Donde viven las historias. Descúbrelo ahora