Un mundo oculto

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Caminaba ensimismado por lo ocurrido, pensando, cuando algo a su alrededor le llama la atención, levanta su cabeza y mira al cielo, este empezó a nublarse rápidamente. Nubes oscuras como el hollín invadieron hasta el horizonte visible, bramidos que despertaba en el miedo de los humanos el instinto y el temor afloraba en sus rostros y muchos se echaron a correr. Gotas gruesas caían pesadamente sobre su rostro mientras miraba al contrario que todos, maravillado de la furia que el ambiente expresaba y él jamás lograría imitar.

Sacó su paraguas y diviso a la distancia una mujer inmóvil en medio de la torrencial lluvia, vestido un traje floreado de seda su perfecta figura resaltaba por el estado empapado de sus prendas. Lo que más le llamó la atención fue que pese a la lluvia es su rostro no presentaba maquillaje corrido, y aunque no distinguía bien su cara, sí, vaya que sí, ella era bella sin una pizca de cosméticos o mentiras para el rostro.

El agua corría libre por su rostro deslizándose hacia su cuello llegando hasta su pecho, su figura era exquisita, digna de los ángeles, y perplejo la miraba mientras el ruido de la lluvia ambientaba el momento. De un momento a otro y sin previo aviso ella lo miro y él se apresuró a quitarse su gabardina, se acercó y la cubrió sin decirle nada, pero por dentro de su conciencia remordida le decía que esto tendría una gran consecuencia para el resto de su vida.

Él la cubrió con su paraguas en medio de la torrencial lluvia y las calles estancadas de tantos automóviles chillantes y motores rugientes caminaron hacia una butik, sin darse cuenta, al entrar y pese a la lluvia, en este lugar existía un aire apacible un aroma que acariciaba y hacia olvidarse de la tormenta que en el exterior se vivía.

Extrañado se sentía puesto que, pese a la tranquilidad que allí había, él noto que aun el rostro de la chica no había podido ver, y por ello la agitación que vivía su alma. En un momento en que él soltó un suspiro, puesto que el frio del clima había logrado penetrar sus ropas, la mirada más encantadora el conoció, y esos ojos no eran distintos de los que ya había visto día a día en su caminar, cafés, siempre cafés, pero estos tenían algo, talvez un café que te roba el sueño, talvez un café profundo, talvez un café que dejaba entrever su alma. Pensaba mientras se dirigía a su nariz, esculpida por los dioses, simétrica en su cara que parecía de porcelana, sus labios, rojos, rojos bellos como las cerezas, pero ¿Cómo? Si no se veía ningún rastro de labial.

Embobado, esa era la palabra que buscaba para describirse a sí mismo por quedarse contemplando aquella escultura humana, aquella mujer con aspecto de ángel.

-Gracias-, dijo una tierna voz, que rompía el mutismo entre los dos.

-¿Por qué?- respondió extrañado, volviendo de sus pensamientos sobre ella.

- Por cubrirme con tu chaqueta, y traerme aquí, me había quedado absorta escuchando la sinfonía-

- ¿Cuál sinfonía?- aún más confundido que antes y recordando que con este tráfico le sería imposible llegar a la casa de antiguo jefe.

-la de la tormenta- le respondió.

El no entendía nada, él había callado el ruido, lo que él había visto era una ciudad en caos un cielo negro y lluvia, nada, mas, seguía estando en su estado autómata que usaba para trabajar y desinhibirse. Una luz fugaz e intensa elevo los colores de aquel lugar y dejo entrever una especie de aura en la cabeza de esa mujer, segundos después el estallido llego hasta los oidos de el.

Ella sonrió y le dijo, es una gran sinfonía bellísima, retumbando en cada lugar de este espacio, el poco a poco entendía que ella estaba viva, no de la manera en que simplemente un vil corazón late, ella estaba viva de verdad, porque disfrutaba de lo que los demás no podían ver, donde todos veían lluvia, ella veía nubes, arboles bambolearse hojas caerse con la violencia de una apasionada canción.

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⏰ Última actualización: Oct 10, 2017 ⏰

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