El problema es que era tan fuerte su calor que en cierto punto todos comenzaban a huir de él hacia las sombras y entonces prefería retirarse, continuar su camino hasta el ocaso justo al otro extremo del horizonte. Paulatinamente, a medida que su luz era más tenue, las estrellas aparecían para adornar el oscuro cielo que Shams dejaba atrás.
Pero cuando creí que el espectáculo había culminado resultó que Shams aun no había terminado, su luz era tan fuerte que aun en su ausencia alguien más brillaba al reflejar su intensa belleza.
En el lado norte del horizonte alguien más se levantaba como con cierta timidez entre las montañas, ella era Amhar quien en secreto a Shams ella amaba. Pero al ser incapaz de generar luz propia prefería simplemente mantener la distancia y silenciosamente se escurría entre las estrellas hasta ocultarse tras las montañas.
El asunto es que Amhar no tenía ni la menor idea que Shams no solo ya la conocía sino que también su amor correspondía. Apresuradamente corrió tras ella, día tras día intentaba alcanzarla pero noche tras noche Amhar no se acercaba. Shams decidió pues brillar más que nunca porque nadie es más rápido que la luz, ni siquiera la tímida Amhar. El plan funciono y la luz de Shams resplandeció hasta alcanzar a Amhar, noche tras noche en forma creciente y desde la distancia, Shams parecía vestir a Amhar y mientras más cerca él, ella más intensamente brillaba.
Poco a poco la distancia era más corta, el traje de Amhar se ajustaba a su silueta, esa misma noche ambos se miraron por primera vez en el mismo cielo, cada uno desde su propio extremo, ella a punto de ocultarse y él apenas saliendo, desde el norte la estaba siguiendo.
En la madrugada siguiente la aurora era un poco distinta, aquella luz difusa no lograba opacar ninguna estrella, al contrario, estas parecían estar contemplando su radiante belleza, quien como novia ataviada se apercibía para ser desposada. El difuminado destello de aquella tenue luz, bañaba cual rocío matutino la cima de las montañas que dibujaban el horizonte.
Destilando belleza, el alba de Amhar terminó, con su sonrisa asomándose entre las colinas de aquel hermoso paisaje, el día ya estaba a minutos de iniciar pues Shams a tan solo unos minutos venía más atrás.
Ya solo era cuestión de tiempo, el encuentro era inminente. Amhar no tenía donde ocultarse más, aunque ya su intención era dejarse alcanzar, en aquel día el cielo fue testigo de cómo con un abrazo ambos parecían estar fundidos, durante esos minutos el firmamento en pleno día se oscureció pues Shams sus ojos cerro tras ese tierno beso de amor.
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El alba de la Luna
Short StoryLa fuente mas inagotable de inspiración para un poeta, es fácil escribir así cuando es la Luna quien te inspira. Esta historia es para los amantes de la Luna, los que quisiéramos ser el Sol para vestirla de luz, los que deseamos en secreto verla c...
