Click. (Autor: TEA)

13 0 0
                                        

Quisiera yo saber
si recuerdas aquella madrugada de mi cumpleaños
cuando en medio de susurros me confesaste
que nunca habías desabrochado un sostén.

Yo, impulsada por el tabú
y por las secretas ganas de que me tocaras
me ofrecí para la delicada tarea.

Al principio te negaste,
quizás por el pudor,
quizás por tan extraña propuesta,
o seguramente porque yo no te gustaba,
gusté o gustaré
y no querías pasar un mal rato.

Al final, con incitaciones
y quizás,
tan sólo quizás
por tu morbo
accediste.

Me bajé de la silla que estaba a tu lado
y me coloqué de rodillas dándote la espalda,
aparté mi cabello hacia un lado y esperé.

Durante unos breves, brevísimos instantes
casi pude sentir tu tacto.
Creo que temeroso,
aunque lo ocultaste.

Pude sentir, aunque sólo fuese en mi imaginación
como te acercabas desde la hamaca
a mi espalda.

Pude sentir, aunque sólo fuese un segundo
tu cálida respiración en mi nuca,
totalmente desnuda.

Tristemente, antes de que la fantasía se cumpliese
alguien llegó
y miró hacia la esquina de la cocina
donde justamente estábamos.

No nos fue difícil fingir que hablábamos.

Tampoco nos fue difícil levantarnos e irnos.
Separarnos hasta que amaneciera.

Después de todo
sabes que tú y yo somos los maestros del engaño.

La noche pasó y despertamos en la sala
con sensación de resaca
y el diablo encima
Aunque no habíamos tomado.

Te fuiste pronto,
demasiado pronto como para simular
que la madrugada jamás hubiese existido.

Ya no me sube el corazón a la garganta cuando lo recuerdo,
aunque admito que se me enfrían las manos.

Me pregunto de vez en cuando,
cuando vuelve el recuerdo,
sí lo tienes tatuado en el corazón
tanto como lo está en el mío;
sí es una íntima y triste anécdota
guardada en el corazón
como lo es en mi caso.

Y pregunto yo:
(A la misma hora que aquella vez)

¿Aun recuerdas cuando estabas a punto de desnudarme?

Soy Un BorregoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora