Jimin sufre de bulimia tras el rechazo de su padre debido a su homosexualidad. La desesperación y la depresión arrazan con él solo meses después, obligándolo a saltar a las vías del tren para acabar con su vida.
Yoongi es un chico que viaja en el mi...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Lunes, 28 de octubre, 2013 Estación de Tren Seúl
—No... No, no, no, no. —Jimin se encontraba corriendo atolondradamente en dirección a su parada. Su cabello naranja despeinándose por el viento y sus mejillas rosadas por la corrida que estaba echando desde que había ingresado a la estación.
Se había quedado dormido, como todos los días de la semana anterior, y ahora estaba llegando tarde, una vez más, a su instituto. Una sanción era lo que menos necesitaba en su vida en estos momentos, y pedía a todos los cielos que se apiaden de él y lo dejasen llegar a tiempo ésta vez.
Jimin no era de los que acostumbraban a llegar tarde. Desde la escuela secundaria él intentaba ser un buen estudiante, quizás no era el mejor alumno como Kim Taehyung, pero se esmeraba para enorgullecer a su amada madre y que ésta, a su vez, no pensara tanto en su enfermedad y decayera debido a ello. Él la amaba demasiado, por Dios que la amaba, y solo quería verla sonriente y orgullosa de él en lugar de verla llorando debido al dolor por su estado. Su madre era el mayor soporte de su vida, y quería enorgullecerla ya que no pudo hacer lo mismo con su padre, quien lo rechazaba y lo ignoraba desde aquel descubrimiento.
Sostenía su mochila que colgaba por uno de sus hombros, mientras corría agitado, despeinado, en tanto metía la otra mano al bolsillo de su pantalón para sacar sus monedas y comprar el boleto antes de perder el tren.
Miró el reloj gigantesco en la pared de la estación, sin detener sus piernas, solo faltaban cinco minutos. Ya estaba ahí, buscando su parada. Él llegaría... él definitivamente podía lograrlo, podía llegar a tiempo si...
¡Zap! Un golpe seco.
Sintió un fuerte impacto que lo descolocó por un momento e hizo que perdiera el equilibrio. Cayó al suelo súbitamente perdiendo su mochila a unos metros de él. Oyó el tintineo de sus monedas escaparse de su bolsillo tras la caída y maldijo por lo bajo mientras se reincorporaba sin perder el preciado tiempo, juntandolas desesperadamente.
Levantó la cabeza, observando con curiosidad la silueta de una persona frente a él. Estaba de espaldas, y lentamente volteó el cuerpo para observar lo que lo había embestido por atrás. Una cabellera de color azul menta llamó su atención y se encogió, sintiéndose pequeñito, ante aquella mirada de pocos amigos que le lanzó aquel con el que había chocado.
—¡Lo... lo siento! —Pidió disculpas al joven, moviendo la cabeza con una reverencia. —No vi mi camino, lo siento. —Éste simplemente volvió a girarse, con toda la indiferencia del mundo, y avanzó un paso cuando la fila frente a él iba disminuyendo para comprar el boleto de su tren.
¿Lo había molestado? ¿Lo había lastimado? Como sea, Jimin resopló sin darle más vueltas al caso. Terminó por juntar sus monedas sin perder más tiempo y sus pequeños ojitos brillaron cuando se incorporó y se encontró frente a su parada.